27 febrero, 2024
Arte

Voz del Eco y Flor del Narciso

Mitología & Arte 

 

Por Marcela Davidson

 

La mitología griega condensa un lenguaje simbólico y metafórico. Cada fenómeno natural, divino y humano, era ilustrado en un mito. Eco y Narciso es el mito del amor imposible. El Amor desequilibrado deja su eco lánguido y una flor sin conciencia. 

La pasión unilateral en el amor a sí mismo, quedó indeleble en el nombre de Narciso. Ser flor que crece bella sin contemplarse a sí misma es porque la flor no tiene conciencia. Tiresias, el adivino, comunicó a la ninfa Liríope que su hijo Narciso solo viviría una larga vida si no se contemplaba a sí mismo. Tal vez por ese motivo la flor sustituyó la breve existencia de Narciso. Al morir Narciso, una flor primaveral inmortalizó su nombre. Las ninfas, deidades de la naturaleza, le dieron nombre a la flor que creció a orillas del río. 

Los narcisos son flores solitarias. Amarillas flores del Mediterráneo, pueden apreciarse en la obra de John William Waterhouse (1849/1917). El artista prerrafaelita agrupa a los narcisos amarillos en primer plano a la izquierda. Su  escena, representa simultáneamente los acontecimientos del mito: Eco y Narciso.

Ambos personificaron el mito del amor unilateral y desequilibrado. La ausencia de sobriedad en el Amor labraría un trágico fin para los dos. Sofrosina (Sophrosyne, del griego σωφροσύνη) significa moderación, discreción y sobriedad.  Perder el equilibrio, la virtud ideal; la sophrosyne es alterar la Armonía. La Diosa Némesis de la venganza y justicia retributiva participa en este mito. Será quien castigue a Narciso.

Narciso nace como consecuencia de una violación. Es hijo de Céfiso, dios fluvial, y de la ninfa Liríope, que estaba consternada por el futuro de Narciso. Decide consultar al adivino Tiresias, quien da la respuesta enigmática: Narciso sólo podría tener una vida prolongada mientras que no se contemplara jamás a sí mismo. 

Narciso creció transformándose en un joven irresistible por su esplendor. Mujeres y varones se enamoraban del joven cazador. Hubo una ninfa que sintió un amor desmesurado por Narciso. Su nombre era Eco. Ella había sido castigada por Hera, diosa y esposa de Zeus. Eco, privada de su bella locución fue reducida a sólo pronunciar las últimas palabras, repitiendo a quien oyera pronunciar en una frase. Este castigo fue causado por la ira de Hera, después de que Eco distrajera con su fluida conversación a la diosa. Zeus le era infiel a Hera. Mortales, diosas o ninfas, podían ser objeto de deseo para el dios olímpico. La locución de Eco distraía a Hera. Al descubrir que Eco era una pantalla locuaz para proteger las infidelidades de Zeus, Hera le quitó a Eco la capacidad del habla. Sólo podría la ninfa repetir las últimas palabras ajenas de la frase pronunciada por un hablante. Y quedando privada de hablar, se aisló.

Por los bosques y en soledad deambulaba Eco, recluida en su silencio y avergonzada por los bosques en los que Narciso cazaba. Hubo un día en el que su vista descubrió al espléndido Narciso. Así surgió un desmesurado amor por el joven cazador. Eco se contentaba en acompañarlo secretamente. Narciso no advertía la presencia de Eco. Enamorada y sin dejarse ver,  era feliz al contemplarlo.  Finalmente, un mal paso la hizo tropezar y unas ramas en el suelo crujieron. Narciso en voz alta pronunció: ¿quién está aquí? y Eco respondió la última palabra “aquí”. Al mostrarse Eco con sus brazos extendidos a Narciso le declaró su entrega amorosa, Narciso la rechazó, expresando su aversión y repugnancia. Eco sintió humillación, la herida fue mortal. Refugiándose en una gruta, se consumió hasta quedar solo un eco.

Guy Head: Echo Flying from Narcissus.

Guy Head pinta “Echo Flying from Narcissus” entre 1795 y 1798. Encarna al eco elevado en la figura femenina que vuela hacia la gruta huyendo de las burlas de Narciso. 

Narciso fue castigado por la Diosa Némesis. La diosa, impuso justicia retributiva y vengó  la desgracia de Eco. Maldijo a Narciso. El cazador se vio atraído por un espejo de agua, encontró su propio reflejo en la superficie de un estanque.  Ovidio (siglo I d.C.) en  “Las Metamorfosis “, escribió que durante varios días Narciso concurrió al estanque para ver a su amado. Hablaba con su reflejo creyendo que esa imagen era un bello joven que le correspondería. Desesperado por no recibir respuesta del joven que veía sobre la superficie del estanque, se sintió rechazado. Hasta que advirtió que ese joven era él mismo. Amor imposible de poseer. Su ilusión era un reflejo sin vida. Imagen inalcanzable, desvaneciendo ante el más suave movimiento del agua. El vacío de esa imagen especular lo mortificó. Consternado por un amor imposible, Narciso se dejó consumir por la tristeza hasta desaparecer y en su lugar la flor de pétalos amarillos lo sustituye. Así es como se extinguió en paralelo con esa imagen acuática. Y de su desaparición, sobre la orilla del estanque creció la bella flor. Las ninfas llamaron Narciso a esta flor, en honor al hijo de Liríope. La belleza de una flor alcanza su esplendor hasta marchitar. 

La propia vida es inalcanzable porque ni el amor absoluto por sí mismo puede perpetuarla. Esta tragedia amorosa se bifurca en distintas interpretaciones. Perdura la metáfora de la flor bella que sin facultad para contemplarse, los siglos no la extinguieron. Perdura el eco, la voz propia resonando en la repetición de las últimas palabras. Misterioso sonido que se hace simbólico. El concepto locuaz al chocar en la naturaleza, se reduce a repetir las últimas palabras en la difuminada voz del eco. 

 

Foto de Arriba: John William Waterhouse: Eco y Narciso.