El Palacio Noel. Su historia

Por josefina del Solar

El estilo francés fue el predominante en la construcción de los más importantes palacios y residencias que se construyeron hacia finales del siglo diecinueve y primeros años del siglo veinte en Buenos Aires, y particularmente en este barrio de Retiro. La elevada rentabilidad de los negocios del campo que hacía posible los frecuentes viajes a Europa por parte de los sectores más altos de la sociedad argentina, pero además el gran prestigio cultural que gozaba todo lo europeo fueron algunos de los factores que hicieron que personalidades del medio social local construyeran sus residencias tomando como modelos palacios del Viejo Continente. A esto debemos agregar el hecho de que en el período señalado los arquitectos eran de origen extranjero o recibían formación en Europa, lo que reforzó aún más la tendencia, que incluía no solo el diseño o el proyecto de las obras sino también la utilización de materiales para la construcción traídos del exterior.

La década del ’20 del pasado siglo aportó sin embargo algunos intentos de cambio en ese sentido. La búsqueda de una identidad nacional que ya se había evidenciado mucho antes en la música y en las expresiones literarias va a alcanzar también a la arquitectura. Los escritos de algunos intelectuales argentinos como Ricardo Rojas o Manuel Gálvez que abrevaban en la temática nacional, la tarea de investigación desarrollada por Juan Kronfuss, que aunque húngaro de nacimiento se dedicó a estudiar y poner de relieve la arquitectura argentina del período hispano, más algunas otras circunstancias, confluyeron en aquel momento para el surgimiento de una nueva tendencia que, como reacción a la europeización imperante trató de rescatar las formas, las líneas, los motivos ornamentales, el estilo en fin de la edificación de rasgos hispano criollos, propia de la época colonial y del primer medio siglo de vida independiente.

Digamos que poco había quedado een Buenos Aires de las construcciones del período hispano. Primero, porque no fueron originalmente realizadas en materiales muy duraderos. Además el estilo de construcciones local había sido modesto en su origen, a diferencia de otras ciudades de Hispanoamérica. Y por último, luego del proceso de independencia hubo un rechazo a lo relativo al período anterior en ese aspecto, de modo que encarar un rescate de la arquitectura del período colonial implicaba algo nada fácil.

Una figura esencial en esta corriente de revisionismo arquitectónico conocida como Neocolonial fue el arquitecto Martín S. Noel (1888-1963). Nacido en Buenos Aires, en una familia de larga radicación en el país, a la edad de once años Noel viaja con su familia a España, donde residirá por varios años. Este hecho tuvo importancia en su orientación estética y estilística posterior, ya que el contacto con la rica arquitectura española más cierta idealización de la patria lejana, permitieron que siendo ya un joven comenzara a soñar con un renacimiento de las formas que América había recibido como legado a través de los siglos de colonización. En 1909 se gradúa en la École Espéciale d’Architecture de París, y a partir de allí, y particularmente a su regreso a la Argentina tiempo después, va a ser un difusor incansable de estas ideas que apuntaban a la necesidad de encontrar un estilo que identificara a una arquitectura nacional.

La tarea del arquitecto Noel va a ser vastísima, y a dejar sus frutos en libros, en las inevitables controversias que desataron sus propuestas y en la influencia que ejerció sobre otros arquitectos, en su actuación en las más importantes entidades culturales –fue Presidente de la Comisión Nacional de Bellas Artes, de la Asociación Estímulo de Bellas Artes, miembro de la Academia de la Historia, entre otras- pero por supuesto en su obra específica como arquitecto. En tal sentido fue autor de importantes obras de las que mencionaremos principalmente el Pabellón Argentino para la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1928, el edificio de la Embajada Argentina en Lima –Perú, y su propia casa en Buenos Aires, ubicada en la calle Suipacha 1422.

El terreno en el que esta casa fue edificada había formado parte de la quinta de la familia Estrada, que a fines del siglo diecinueve se había loteado y vendido a particulares. En 1918 lo adquiere la señora Josefina Acosta de Noel para la construcción de una residencia para sus hijos Carlos –quien fue intendente de la Ciudad de Buenos Aires durante el período presidencial de Marcelo T. de Alvear- y Martín, siendo este último el responsable de su proyecto y construcción. La casa se termina en 1922, diferenciándose de todo el entorno ya a partir de su característica fachada principal, alineada sobre la vereda, de altas paredes blancas que resguardaban la privacidad del interior, y en la que se destacan el portal de acceso enmarcado por columnas y las sobrias rejas de las ventanas.

La casa fue diseñada en dos cuerpos diferentes destinados a cada uno de los hermanos, y vinculados entre sí por los patios y jardines interiores. El cuerpo principal, ubicado en el sector más alejado de la entrada y en un nivel más elevado en relación al patio que lo precede, fue ocupado inicialmente por Carlos Noel, mientras que el arquitecto se reservó para sí el sector que da hacia la calle, conformado en aquel momento por una sala, un dormitorio y un amplio estudio. Tiempo después Martín Noel se casa y pasa a ocupar el sector principal en el que se ubicaban en el piso bajo un hall, un salón para recibir, el comedor y la magnífica biblioteca-hemeroteca, además de la escalera de acceso al piso superior, que estaba integrado a su vez por un salón de estar y los dormitorios. En este cuerpo de la casa se evidencia claramente la influencia estilística colonial hispanoamericana, aunque más puntualmente en el aspecto ornamental que en la composición de la edificación, que sigue preceptos más clásicos. Un buen ejemplo de lo primero son los balcones, realizados en madera tallada, al mejor estilo limeño. El mobiliario por otra parte, y la decoración interior, estuvieron acordes con esa línea, integrándose con piezas originales que formaron parte de la colección personal de Martín Noel.

En 1938, y tal como ocurrió con otras grandes residencias por esa época, la que nos ocupa fue vendida al Estado Nacional. Comienza a funcionar allí el Museo de Arte Colonial, con la colección de Noel. A esta se le suma en 1947 la colección de piezas coloniales de Isaac Fernández Blanco, y la institución pasará a ser así el Museo de Arte Hispanoamericano I. Fernández Blanco que sigue hasta hoy desarrollando sus actividades en un ámbito seguramente único e irreemplazable.

FOTO: El Palacio Noel cuando aún era residencia particular (Foto AGN).