Mágico paseo por el barrio de San Telmo

El Bar Sur es un excelente sitio para quienes quieran escuchar y ver bailar tango.

El barrio de San Telmo encierra una riqueza histórica y cultural enorme, apreciada tanto por los porteños como por turistas del interior y sobre todo del exterior, quienes quedan fascinados al transitar sus calles adoquinadas, colmadas de vestigios invalorables de antaño.

Emprendimos una visita guiada por el barrio, organizada por el Gobierno de la Ciudad, que se desarrolla todos los sábados. Para iniciar el recorrido –que dura aproximadamente 100 minutos-, con el guía Javier Cortese, nos encontramos en la esquina de las calles Defensa y Chile, a apenas cinco cuadras de la Plaza de Mayo, donde se fundó la ciudad. Estamos en realidad en el límite entre los barrios de Monserrat y San Telmo, marcado por la calle Chile en la cual, allá lejos y hace tiempo, circulaba un pequeño arroyo que desembocaba en el Río de la Plata.

En la esquina mencionada se halla una simpática escultura de Mafalda, Susanita y Manolito, los personajes de esa maravillosa historieta creada por Quino. Es que en San Telmo se encuentra el denominado Paseo de la Historieta que incluye figuras como Isidoro Cañones, Larguirucho, Super Hijitus, Clemente, Patoruzito, entre otras. Casi todos los que pasaban por el lugar no podían escapar a la tentación de sacarse una foto con los tres queridos personajes de Quino. Justamente el primer sitio por el cual pasamos fue el edificio de Chile 371 donde vivió el dibujante mendocino entre los 60 y 70. Allí hay una placa que señala que la vivienda es Patrimonio Cultural de la Ciudad. Luego nos dirigimos a la casa natal de Tita Merello, en Defensa 713. Fue muy emotivo contemplar el lugar donde se originó la historia de una auténtica leyenda de nuestro espectáculo.

Después fue el turno de conocer por fuera –los sábados está cerrado- El Zanjón, en el cual anida una de las piezas arqueológicas más importantes de Argentina. Es un sitio que alberga una rica e increíble historia. Se trata de una casona –ubicada en Defensa 755- construida en 1830 por una acaudalada familia española que dejó el lugar cuando se produjo la epidemia de fiebre amarilla. Hacia 1900 la vivienda se convirtió en conventillo y al frente había una vinería. La casa, que estaba abandonada y tapiada, fue comprada en 1985 por Jorge Eckstein, quien empezó a limpiar el terreno de la finca, repleta de patios, y encontró túneles, cimientos y tanques cisternas de antiguos aljibes. Eckstein se puso en contacto inmediatamente con profesionales para analizar lo que había debajo de su propiedad. Así se llegó a la conclusión de que había descubierto el lecho del antiguo Zanjón de Granados, un pequeño arroyo que cruzaba de un lado a otro el barrio y desembocaba en el Río de la Plata. Después de intensas obras de restauración, El Zanjón se convirtió en un señorial museo que puede visitarse de domingo a viernes. Se exhiben utensilios, recipientes y objetos de antaño, mientras se observan restos de construcciones del 1700, 1740 y 1830, cisternas, aljibes y un complejo sistema de desagües.

En diagonal al Zanjón, en el Pasaje San Lorenzo nos encontramos con la Casa Mínima –recientemente restaurada- cuya fachada de sólo 2,50 m de ancho es la más angosta de la ciudad. Esta construcción nos ofrece el misterio de sus centenarios muros, su minúsculo patio y su romántico balcón. Formaba parte de una gran mansión que luego fue dividida. La Casa Mínima, que también es propiedad del mencionado Eckstein, conserva sus materiales originales de principios del siglo XVIII: sus paredes de barro cocido y restos centenarios de viejo revoque. Según la tradición oral, allí vivió el último esclavo liberto pero en realidad es un mito y no un dato certero que haya podido confirmarse a lo largo de los años.

Luego pasamos por Taconeando, el local tanguero que perteneció a Beba Bidart, situado en Balcarce 725. Hablando del 2×4, llegamos al sitio tanguero por excelencia, el Viejo Almacén, en Balcarce e Independencia, con una larga historia que se inició en 1969 cuando lo fundó el cantante Edmundo Rivero. Los más grandes artistas del género actuaron en su escenario; el lugar conserva la vigencia de antaño.

Posteriormente fue el turno de apreciar una verdadera obra de arte: el Monumento Canto al Trabajo del artista argentino Rogelio Yrurtia (1879-1950), realizado en París en 1907. En el grupo escultórico –que se halla en Paseo Colón e Independencia- se distinguen catorce figuras de bronce que arrastran una gran piedra, símbolo del esfuerzo del trabajo humano en pos del progreso. Las cinco siluetas que marchan adelante representan a la familia. La intención del escultor fue expresar una alegoría del trabajo del inmigrante. Atrás del monumento, sobre la avenida Paseo Colón, divisamos la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, donde en la década del 50 funcionó la Fundación Eva Perón. Al frente de la facultad observamos una estatua del Ingeniero Luis Huergo, quien fue el primer ingeniero civil del país. Siguiendo por la avenida Paseo Colón nos encontramos con dos edificios gemelos que son sede del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. De estilo neogótico, fueron construidos a fines del siglo XIX.

Después llegamos a una hermosa y delicada casa –ubicada en Balcarce al 800- en la cual funcionó la Tanguería Malena al Sur entre 1969 y 1977, que pertenecía al compositor Lucio Demare, autor de la música del tango Malena, cuya letra es de Homero Manzi, tal como reza una placa allí instalada.

Vivimos una experiencia muy enriquecedora al llegar al Bar Sur, de Balcarce y Estados Unidos. Su propietario Ricardo Montesino nos permitió ingresar y nos contó con gran amabilidad y simpatía la historia del lugar. Ambientado de manera intimista, con muebles estilo vienés y piso calcáreo en damero blanco y negro, el Bar Sur es un excelente sitio para quienes quieran escuchar y ver bailar tango todas las noches hasta la madrugada. El bar abrió hace 53 años, en 1967. Un bonito cuadro de Pérez Celis –gran amigo de Montesino- de una pareja bailando tango con un gran bandoneón, preside el salón. En este momento, en el sótano se está construyendo un lugar más acogedor para brindar espectáculos musicales y tomar algo. Es muy colorido, sus paredes son azules; está decorado de una forma peculiar con diversos cuadros, y una bola de luces de colores pende del techo.

Posteriormente pudimos apreciar la Iglesia Dinamarquesa, perteneciente al culto luterano. Está situada en Carlos Calvo 257 y se inauguró en 1931. Es una construcción de estilo neogótico, de color rojizo. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto danés Morten Rønnow. La mayoría de los oficios religiosos se llevan a cabo en español. En el lugar también se desarrollan actividades culturales.

Llegamos a la tradicional Plaza Dorrego, en Defensa y Humberto Primo, que actualmente constituye uno de los principales paseos turísticos peatonales de Buenos Aires. A su alrededor se encuentran cafés, bares y pubs con sus mesas sobre la plaza, y también casas de antigüedades y artesanías. Abundan los shows de músicos y baile callejero, incluyendo exhibiciones de tango. Los domingos tiene lugar la Feria de antigüedades de San Pedro Telmo “Arquitecto José María Peña”, durante la cual la plaza es ocupada por más de 200 puestos que son recorridos por numerosos turistas tanto del país como del extranjero. Enfrente de la plaza, sobre Defensa, se encuentra el taller del famoso orfebre Juan Carlos Pallarols. Antiguamente la plaza era el sitio donde las carretas se detenían antes de cruzar el arroyo Tercero del Sur (hoy calle Defensa y Pasaje San Lorenzo) en su trayecto al centro de la ciudad. En 1978 la Plaza Dorrego fue declarada Lugar Histórico debido a que allí el pueblo de Buenos Aires adhirió a la Declaración de la Independencia el 9 de septiembre de 1816.

Como broche de oro, coronamos nuestro paseo por San Telmo con la visita a la Galería de la Defensa, situada en la calle homónima al 1100. Es una casona de 1880 que en un principio perteneció a la familia Ezeiza, luego fue un conventillo y ahora funciona como galería comercial. Tiene dos plantas, compuestas por varias habitaciones que dan a una galería lateral. Cada una de ellas está ocupada por locales de anticuarios, indumentaria de otras épocas, cuadros, souvenirs. Es un lugar muy interesante para conocer porque es al mismo tiempo un paseo de compras y un testimonio vivo de lo que era un típico conventillo.

Laura Brosio

FOTO de arriba: La Galería de la Defensa: una casona de 1880 que perteneció a la familia Ezeiza, luego fue un conventillo y ahora funciona como galería comercial.