Los palos borrachos ya están florecidos en la Ciudad

El más reciente censo de arbolado urbano señala que existen en la Ciudad de Buenos Aires más de 5000 ejemplares de palos borrachos, denominados Ceiba speciosa en términos científicos. Y esos árboles ya han florecido, pintando de rosa los espacios y avenidas en que se encuentran.

Al palo borracho se lo reconoce con facilidad, en primer lugar por sus llamativas y abundantes flores, en su mayoría rosas, aunque también las hay blancas y amarillas (Ceiba chodatii); pero fundamentalmente por las características de su tronco, que por sus formas curvas se asemejan a una botella, motivo por el cual se lo conoce popularmente como palo borracho.

Pueden verse algunos de estos árboles en veredas, pero principalmente se los encuentra en parques y plazas, dado su tamaño y el desarrollo de sus raíces que crecen sobre la superficie y alteran la calzada. En la ciudad de Buenos Aires se pueden encontrar dos especies de palo borracho, el de flor rosada o samohú, que es el que posee mayor número de representantes, y el de flor blanca o yuchán. Como curiosidad, ambas variedades pertenecen a la misma subfamilia del baobab. 

Los ejemplares de esta especie provienen de diferentes regiones y, más allá de la variedad en la tonalidad de sus flores, presentan otras características que las diferencian. El samohú es originario del nordeste argentino, el sur de Brasil y Paraguay. Es un árbol más esbelto que su congénere, más alto y con la corteza más verde. El yuchán en cambio tiene una distribución más amplia, ya que se lo puede hallar desde el Perú hasta nuestro noroeste, y presenta principalmente dos tipos distintos, uno de tronco relativamente corto y amplio diámetro, lo que le confiere el aspecto de botella ya señalado, y otra tipología, más esbelta y de mayor altura, propia de las zonas selváticas y los bosques húmedos. En ambos casos, la corteza presenta un color verde agrisado.

Sus flores, de gran tamaño, están dispuestas en grupos poco numerosos o son solitarias, y sus pétalos, de aproximadamente 10 centímetros de largo y bordes levemente ondulados, son de color rosado más o menos intenso según cada ejemplar.

En algunas regiones del país se considera que la forma del árbol representa el cuerpo femenino, y que sus transformaciones reflejan los cambios que se producen en el tránsito de la juventud a la vejez: en los inicios de la vida el tronco es esbelto y vigoroso, y en la adultez sus formas se tornan más redondeadas y engrosadas hasta registrar grietas en algunas partes de su estructura, llegando a tener un crecimiento reposado en su edad madura.  Y a su abundante floración, que comienza en verano y se extiende hasta bien avanzado el otoño, se suma el brote de sus hojas, que presentan un color dorado tornando al verde claro cuando son jóvenes, y su fructificación, que al momento de la dehiscencia (apertura de los frutos) exhibe un material similar en apariencia al algodón que ornamenta de blanco sus copas.

En Retiro pueden verse en abundancia estos árboles en la Plaza San Martín y en la Avenida 9 de Julio que los tiene en toda su extensión. También los hay en otros puntos de la Ciudad: el Parque Las Heras, el Jardín Botánico y el Parque Centenario son algunos de los lugares que muestran palos borrachos.

FOTO: En Retiro pueden verse los palos borrachos florecidos en la Plaza San Martín.