El Retiro luego de Caseros

Por Josefina del Solar

Luego de la caída del gobierno de Juan Manuel de Rosas que se produce como consecuencia de la Batalla de Caseros (3 de febrero de1852), va a comenzar un período de grandes transformaciones para la Ciudad de Buenos Aires, no solamente en el plano político-institucional sino en lo referido a su fisonomía urbana.

En lo primero, vale recordar que en ese mismo año 1852 se produce la Secesión de Buenos Aires, es decir su separación del resto de la Confederación Argentina, situación que va a durar prácticamente una década y que culmina luego de Pavón con la integración de la República Argentina –incluida Buenos Aires- bajo la Constitución Nacional, lo que significó la organización política definitiva del país.

Para la Ciudad entonces, y a partir de Caseros van a ir quedando atrás costumbres, rasgos, formas de vida heredados del período hispano para dar paso a una serie de cambios, vinculados con la creciente inserción del país en el comercio internacional, y que reflejaban al mismo tiempo lo que estaba ocurriendo por entonces en Europa. A modo de ejemplo puede mencionarse la aparición de nuevas formas de transporte, lo que ocurre también en Buenos Aires, puesto que en la década del ‘50 del siglo XIX comienza a funcionar el primer ferrocarril argentino, construido por la empresa Caminos de Hierro de Buenos Aires. En el mismo sentido se dan hacia 1854 los primeros recorridos de coches de transporte colectivo, los famosos tramways.

Por otra parte se empieza a distribuir la correspondencia a domicilio, a variar el estilo en la construcción de casas y edificios, se instala un nuevo tipo de comercios y de pequeñas industrias, cambia el sistema de nomenclatura de las calles, por señalar solamente algunas de las tantas transformaciones urbanísticas de una Buenos Aires que comienza a olvidar la vida que tuvo hasta la primera mitad del siglo.

El Retiro entonces, como bien puede suponerse, aunque era todavía un lugar alejado de la zona más poblada o residencial, no va a quedar al margen del proceso de modernización urbana que ya se estaba instalando. Seguirán funcionando todavía los Cuarteles, que serán asiento de las tropas de Justo José de Urquiza, instaladas en Buenos Aires luego de la Batalla de Caseros. Meses después, a fines de 1852, cuando Buenos Aires se levanta contra la autoridad del vencedor de Rosas y el comandante de la campaña bonaerense Hilario Lagos pone sitio a la Ciudad como respuesta a ese levantamiento, los Cuarteles servirán para la organización de las fuerzas militares que harán frente al sitio.

Otro sector del lugar -el que era paseo obligado por las tardes para cabalgar o para escuchar a las bandas de música- será el que modifique considerablemente su fisonomía. Bajo el impulso de la tendencia modernizadora pero también como expresión de una indudable necesidad urbanística, hacia 1856, luego del respectivo concurso, se aprueba un proyecto de mejoras para el Paseo de Marte –la actual plaza San Martín- por el ingeniero Nicolás Canale. Sobre este punto señalaremos aquí solamente que todo el proyecto implicó un concepto urbanístico de avanzada para la época, al contemplar la unión del Plaza de Marte con el Paseo de Julio (actual Leandro N. Alem), ubicados ambos en diferentes niveles debido a la existencia dela barranca.

En las cercanías de la Plaza también se van manifestando cambios, puesto que las antiguas quintas que la rodeaban se habían ido fraccionando poco a poco, dando lugar a algunas construcciones a tono con el tan anhelado progreso. Una de éstas, muy comentada en su momento, fue la carpintería metálica propiedad del ingeniero Emilio Landois que se instaló en lo que es hoy la calle Arenales en su intersección con la bajada de Maipú. Fue inaugurada en 1857 por el propio gobernador de Buenos Aires Valentín Alsina. Poco tiempo después se instaló también en la esquina de las actuales Juncal y Esmeralda, por entonces propiedad de don Emilio Bieckert, la primera fábrica de cerveza del país.

Otro establecimiento importante de la zona en esta segunda mitad del siglo pasado fue la Tintorería Industrial de Prat, la primera de su tipo que aquí se instaló, ubicada en la actual Avenida del Libertador al 200, en el predio donde hoy funciona una escuela industrial, es decir “frente al Retiro” como mencionan las publicaciones de época.

Pero seguramente uno de los símbolos más representativos de los nuevos tiempos se dio en el bajo del Retiro, lugar en el que hasta comienzos de la década de 1850 estacionaban las carretas provenientes del interior del país en larga fila que llegaba hasta la Recoleta. Es que el Río de la Plata, que años atrás alcanzaba casi la barranca misma, se había alejado un poco por razones naturales llegando hasta lo que sería la actual Avenida Madero. Esto permitió la instalación en sus riberas hacia 1856 del llamado Paseo de la Guardia Nacional, en cuya parte posterior se ubicó en ese mismo año, el aludido símbolo del progreso: la fábrica perteneciente a la Compañía Primitiva de Gas, de origen inglés, que tenía por objeto proveer el nuevo alumbrado público para la Ciudad. Sus elevadas chimeneas pueden verse en fotos o en alguna litografía de la época, y son una expresión de los tiempos que corrían.

FOTO: La fábrica perteneciente a la Compañía Primitiva de Gas fue un verdadero símbolo del progreso urbano en Buenos Aires en la segunda mitad del siglo diecinueve (foto AGN).