24 febrero, 2024
Arte

Lola Mora, la gran escultora argentina

En este mes de noviembre se cumple un aniversario del nacimiento de la gran escultora argentina Lola Mora, quien lo fue por la dimensión de su arte y la trascendencia que ha tenido, pero también por su carácter e historia de vida. Ella ha sido, no solo en Argentina sino en Latinoamérica, quizá la primera escultora, o la más importante y de renombre internacional. Conocida fundamentalmente por una obra monumental que puede verse hoy en la Ciudad de Buenos Aires –la Fuente de las Nereidas- hizo en realidad una obra muy amplia y valiosa.

Su nombre completo era Dolores Candelaria Mora Vega. Nació el 17 de noviembre de 1866, aunque el lugar exacto de su nacimiento es todavía controvertido. Pudo haber sido en El Tala, Provincia de Salta, donde se conserva una casa que se dice sería su casa natal; o en Trancas -Tucumán- donde fue bautizada y vivió con su familia, y también se da como posible lugar de nacimiento.

Lola Mora trabajando en una escultura.

Lola Mora tuvo un buen nivel de vida en su niñez -su padre era un hombre de fortuna- y una buena educación, sobre todo para una niña de su tiempo. En la ciudad de Tucumán comenzó su brillante carrera artística, al estudiar con el maestro italiano Santiago Falcucci. Claro que era ella tenía grandes dotes artísticas, y era muy dedicada. Llegó a ser una destacada retratista. En Tucumán hizo su primera participación en una muestra colectiva, pero cuando quiso hacer una muestra individual encontró dificultades, ya que no se veía con buenos ojos que una mujer expusiera sola. Decidió viajar a Buenos Aires, donde obtuvo una beca para proseguir estudios en Europa. Se radicó en Italia, donde fue discípula de Francesco Paolo Miichetti. Allí con el tiempo se introdujo en ambientes aristocráticos. Era invitada a importantes eventos con personalidades, y rápidamente se hizo conocer. Tenía todas las cualidades para eso: era atractiva, educada, fina, y tenía según sus biógrafos, grandes dotes personales para relacionarse. Así fue obteniendo encargos importantes que le dieron renombre. Se dedicó a la pintura en los primeros años, y también empezó a exponer, por ejemplo en el Palacio de Bellas Artes de Roma, pero luego su maestro la orientó hacia la escultura, que resultó con el tiempo su verdadero camino.

No olvidó sin embargo a su país natal. Hizo varios viajes a la Argentina, donde también recibió importantes encargos que lleva a realizar en su taller italiano. Lola se dedica a los retratos escultóricos, como los había hecho en pintura. Se le encarga un monumento a Juan B. Alberdi, un relieve para la Casa de Tucumán, y una figura de la Independencia también para la capital tucumana.

Hace una gira por varios países europeos para ponerse en contacto con talleres de escultura. A su regreso a Italia se instala su nuevo taller en Roma. Llega a tener un palacio propio que será su vivienda y taller, y donde llegó a recibir la visita de la reina de Italia. Su nombre tomó mucha repercusión, al punto que aparecían notas en los periódicos sobre ella.

Su indumentaria de trabajo llamaba la atención: Bombachas de gaucho, amplias blusas y unas boinas o sombreros para cubrir su cabeza. Pero llevaba una nutrida vida social, para lo cual se vestía de acuerdo a la más elegante moda europea. En su estudio recibía a importantes críticos de arte de la Argentina, que iban a verla.

Pero como dijimos Lola no olvidaba a su país. Decidió hacer una obra importante para Buenos Aires, que ofreció a la Municipalidad: sería una fuente sobre Las Nereidas, que para la mitología eran ninfas de mar, y que se iba a colocar cerca de Plaza de Mayo. El hecho de que las figuras estuvieran desnudas despertó de entrada un rechazo, que iba a costar vencer. Fue el presidente Roca quien intercedió para que el intendente Adolfo Bullrich aceptara la obra. La fuente la realizó en Roma, en mármol de Carrara, y se trajo para armar en Buenos Aires. Luego de controversias sobre el lugar para instalarla se la ubicó en la Plaza Colón, en Paseo de Julio (actual Leandro N. Alem) y Cangallo (actual Pres. Perón) en una importante ceremonia, el 21 de mayo de 1903.

Habrá unos cuantos encargos más para Lola. Por ejemplo se le encomienda la realización del monumento a la Bandera en Rosario. Ella trabaja para esto, pero dificultades económicas impiden terminar la obra, aunque realiza varias esculturas que están en el actual monumento.

Su éxito llevó a que fuera reconocida y agasajada en el medio local. Pero también surgen críticas. Su obra de tipo monumental y vinculada a la temática neoclásica había coincidido con el gusto y los impulsos del sector conservador que gobernó hasta entrado el siglo XX. Los cambios políticos con el surgimiento del radicalismo dieron pie a que se criticara la obra de Lola, considerando además que no expresaba nada desde una óptica social. Así se sacan sus esculturas que adornaban el Congreso, y la Fuente de las Nereidas se traslada a la Costanera sur, donde se halla hoy en día. Lola, que había venido a vivir a Buenos Aires, va a dejar por esto la actividad artística y a dedicarse a algunos emprendimientos, incluso vinculados a la minería y otros, que le hacen perder su dinero. De a poco va entrando en una caída económica y también de salud. Vive con unas sobrinas, y entra con el tiempo en un estado de demencia senil. Fallece en Buenos Aires el 7 de junio de 1936.

Lola Mora dejó una obra muy extensa, que hoy se encuentra distribuida en diversos puntos del país. Tuvo un período de olvido, pero su obra y su figura fueron reivindicadas a partir de los años ‘90.

El 1° de julio de 1998, en el Congreso de la Nación se sancionó la ley 25003 que en homenaje a la gran Lola Mora, estableció que el día de su cumpleaños, el 17 de noviembre, se festejara como el Día Nacional del Escultor y de las Artes Plásticas. J.del S.

 

Foto de Arriba: La Fuente de las Nereidas, la obra más famosa de Lola Mora.