Iaros, una muestra

El 10 de agosto a las 19 hs. inaugura en la Galería Vasari la muestra “Iaros. La mirada quebrada”, del fotógrafo ucraniano Iaroslav Kosak.

En su presentación se señala:

Conocido como Iaros, su biografía se escurre, llena de lagunas, en un personaje opaco y misterioso. Formó parte de la bohemia porteña durante los años sesenta y setenta. Frecuentaba el Di Tella, así como los bares donde los jóvenes se reunían a discutir sobre arte y política: el Florida, el Bárbaro, el Moderno, entre otros. Iaros se convirtió en testigo silencioso de aquella escena. Quienes lo conocieron coinciden en que terminó internado en un psiquiátrico, y en algún momento a comienzos de la década del noventa se perdió su rastro. Su fotografía hubiera pasado al olvido de no ser por un maletín que Rómulo Macció -su amigo de bares y vecino de La Boca- rescató de la pensión donde vivía cuando se lo llevaron. Las fotografías que integran esta exposición son apenas un recorte de su producción, en gran parte perdida, pero permiten vislumbrar su particular mirada. Imágenes en blanco y negro sobre Buenos Aires, sus habitantes, sus calles, sus bares, en las que predominan la soledad, la noche y cierta distancia inquietante y oscura. En ocasiones por medio de reflejos o cortes transversales en las composiciones, se generan espacios dislocados e interrupciones que vuelven lo real inaprensible. Tan enigmáticas como el conjunto de autorretratos, en los que Iaros crea múltiples ficciones de sí mismo para volver su figura aún más escurridiza.

La muestra representa un adelanto del libro sobre el fotógrafo, con textos de Facundo de Zuviría, María Gainza y Juan José Sebreli, que será publicado próximamente por Ediciones Vasari.

Llevaba siempre su cámara fotográfica colgada del cuello y deambulaba todo el día por la ciudad; captaba los rincones ocultos y las situaciones insólitas, rescataba la atmósfera de ciertas calles y casas y de los viejos cafés. La fotografía no era para él un oficio –rara vez ganaba algo– sino su modo de vida; gustaba llamarse a sí mismo ‘fotógrafo metafísico’ o ‘poeta de la fotografía’. Como tantos otros que recalaban en el puerto de Buenos Aires, había llegado de muy lejos, de Ucrania, y su extraña fisonomía, tez muy blanca, cabellos rubio ceniza, un rostro de lobo estepario, lo volvía inclasificable. Su edad era asimismo indefinida, y según se lo mirara parecía un adolescente o un anciano. Se llamaba Iaroslav Kosak, pero pocos sabían su nombre completo; se lo conocía por Iaros.” Juan José Sebreli: Iaros, el fotógrafo metafísico.

Cincuenta años después las fotos que sobrevivieron en ese maletín están frente a mis ojos. No son imágenes espectaculares a lo Kertész, ni inequívocamente  bellas a lo Ansel Adams, pero son inolvidables, y se sabe que la receta de la pregnancia es alquimia pura: ¿qué hace que una imagen tenga poder de resonancia? ¿Que se imprima en la memoria con más fuerza que otras? Los ingleses lo llaman “staying power”. María Gainza: El zorro rojo.

Esta serie de fotografías de Iaroslav Kosak constituyen un raro testimonio de una época, y su original misterio asoma siempre sin que podamos descifrar con precisión dónde y cómo. Son imágenes inquietantes que se fijan en la retina como esos sueños que permanecen al abrir los ojos. Luces y sombras, contrastes profundos, las fotos de Iaros tienen, también, la fuerza incierta de un presagio”. Facundo de Zuviría: Iaros Kosak. La mirada quebrada.

La exposición podrá visitarse del 10 de agosto al 14 de octubre, de 11 a 19 hs, en Galería Vasari, Esmeralda 1357.

FOTO: Obra de Iaros, sin título ni fecha.