24 febrero, 2024
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Humedales: Ecosistemas imprescindibles para la supervivencia

En los últimos años, se viene impulsando el debate y la concientización acerca de la relevancia de los humedales para nuestra propia supervivencia. Pero, ¿qué son los humedales? ¿Por qué es imperioso preservarlos?

El término humedal hace referencia a ecosistemas que permanecen en condiciones de inundación o con su suelo saturado con agua de forma permanente o semipermanente. Todos los humedales comparten una característica primordial: el agua es el elemento esencial que les da vida y juega un rol fundamental en la determinación de su estructura y de sus funciones ecológicas.

Su importancia es vital. Estas áreas constituyen una de las principales fuentes de agua para las poblaciones humanas y son reservorios de biodiversidad. Son destacados sumideros de carbono. De ellos dependen la provisión de agua para distintos fines, la recarga y descarga de acuíferos, la protección de recursos de agua dulce contra la salinización, la mitigación de inundaciones, el control de la erosión y la estabilización de costas y de microclimas.

Así lo explica la investigadora Jezabel Primost: “Los humedales presentan funciones ecológicas y ambientales muy importantes. Albergan y son refugio de una gran diversidad de especies, almacenan y purifican el agua y cumplen un rol central en el control de inundaciones, ya que reducen la velocidad de circulación de las aguas en época de crecida. Además, actúan como barreras ante los efectos de las tormentas”.

Los humedales son imprescindibles para el desarrollo de la vida del ser humano en el planeta porque constituyen una fuente esencial de agua y alimento, materia prima, recursos genéticos para medicinas, madera y otros materiales de construcción. A ellos se asocian actividades como la pesca, pastoreo, actividad forestal, recreación, investigación, recursos energéticos como turba y materia vegetal, y poseen atributos especiales como parte del patrimonio cultural de la humanidad. Aportan información arqueológica sobre el pasado, son espacios importantes de tradiciones sociales, económicas y culturales.

A grandes rasgos, se reconocen cinco tipos de humedales principales: marinos (humedales costeros, lagunas costeras, arrecifes de coral); estuarinos (deltas, marismas de marea y manglares); lacustres (humedales asociados con lagos); ribereños (humedales adyacentes a ríos y arroyos) y palustres (es decir, “pantanosos” como marismas, pantanos y ciénagas).

A nivel global, los humedales cubren aproximadamente 12,1 millones de km². Se estima que más de mil millones de personas dependen de ellos para su sustento y que el 40 % de las especies de la tierra viven y se reproducen en humedales.

Sin embargo, como nunca en la historia, la acción del hombre se ha transformado en una amenaza para la subsistencia de estos ecosistemas. De manera lenta pero incesante, la superficie de humedales se reduce en todo el mundo y se calcula que, a nivel global, desde 1970 su extensión ya se redujo un 40%. Las causas principales del fenómeno son el avance de la urbanización y el consumo excesivo e ineficiente del agua.

Primost señala que son muchos los factores que conducen al deterioro de los humedales. Entre ellos, los relacionados al desarrollo urbano y rural a través de los cambios en el uso del suelo; la desviación de agua mediante represas, diques y canalizaciones; el desarrollo de infraestructuras viales y centros urbanos particularmente en valles fluviales y zonas costeras; la deforestación y la explotación intensiva por actividades agrícola-ganaderas, entre tantas otras actividades que traen aparejado un impacto asociado a la contaminación.

De la mano del hombre, entran en escena, además, la contaminación del agua por vertidos residuales, el exceso de nutrientes y otros compuestos provenientes del uso de fertilizantes, plaguicidas y fármacos. Se estima que más del 80% de las aguas residuales mundiales se vierten en áreas asociadas a humedales sin tratamiento adecuado. Por ello la calidad del agua está empeorando cada vez más y casi todas las fuentes de agua dulce del planeta ya están dañadas en diferente medida. Sumados a estos factores, el cambio climático afecta de manera directa la integridad de estos ecosistemas.

Según las organizaciones ambientalistas, en nuestro país es urgente la sanción de una Ley de Humedales para detener y revertir este estado de crisis. La norma tendría por fin la regulación, protección y conservación de estas áreas. En definitiva, ordenar y establecer parámetros certeros para las actividades productivas que hoy se desarrollan sin mayores controles sobre estos ecosistemas con patentes resultados nocivos. Esto dejaría de alentar las quemas intencionales y permitiría que la Justicia actúe sobre los responsables.

Desde 2013 legisladores pertenecientes a diversas fuerzas políticas vienen presentando proyectos de ley sobre el tema. Sin embargo, los intentos no han prosperado. El proyecto obtuvo dos veces media sanción por parte del Senado, en 2013 y 2016, pero nunca terminó de ser aprobado por la Cámara de Diputados. Después de que en 2020 hubiera 15 propuestas, en 2022 se llegó a un texto consensuado en el cual participaron especialistas en humedales, organizaciones socioambientales, legisladores, asesores y gestores públicos.

Los puntos clave de este proyecto –presentado por el diputado Leonardo Grosso- son:

– Definición de humedal: Debe ser clara, precisa y operativa, con fundamento científico.

– Inventario nacional de humedales: Es importante ratificar por ley nacional el proceso de inventario que se viene realizando desde hace unos años para la toma de decisiones.

– Ordenamiento ambiental de los humedales: Debe realizarse a través de procesos abiertos y participativos en los territorios.

– Uso respetuoso: Las autoridades tienen que regular y controlar las actividades humanas en los humedales para asegurar que se respete la integridad ecológica de estos ecosistemas.

– Fondo para humedales: Se necesita crear un fondo asociado a un programa nacional de humedales.

– Participación ciudadana: La toma de decisiones deberá contar con una amplia y genuina participación social.

– Enfoque de derechos humanos: La ley tiene que dar visibilidad a los aportes y necesidades de mujeres, jóvenes, pueblos indígenas y comunidades locales urbanas y rurales, campesinas, tradicionales, productoras, isleñas, residentes permanentes y ribereñas.

A pesar de que el proyecto protege la producción y no la prohíbe, sufre los embates de los sectores agropecuario, inmobiliario y minero que sostienen que atenta contra sus actividades. Con esa misma convicción se resisten a apoyarlo los gobernadores del Norte, Mendoza y Corrientes.

Finalmente, el diputado Grosso giró la propuesta a las comisiones correspondientes para su discusión en agosto de 2022. Desde septiembre del año pasado no se volvió a tratar el tema y el proyecto volvió a perder estado parlamentario, sigue pendiente de aprobación.

La Convención sobre los Humedales o Convención de Ramsar es un tratado internacional suscripto por 171 países en 1971 en la ciudad iraní de Ramsar, que tiene como misión la conservación y el uso racional de los humedales. El 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales con el objetivo de crear conciencia acerca de la importancia de estos ecosistemas para la humanidad y el planeta. La fecha conmemora la adopción de la Convención sobre los Humedales.

La Argentina aprobó la Convención sobre los Humedales en 1991, a través de la Ley 23.919 (con sus enmiendas en la Ley 25.335). A la fecha, el país designó 23 Humedales de Importancia Internacional o Sitios Ramsar, que abarcan una superficie total de 600 mil k², es decir, el 21% del territorio nacional. La administración de estos sitios se encuentra, según corresponda, a cargo de las jurisdicciones provinciales, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o la Administración de Parques Nacionales.

Entre ellos se encuentran los humedales del Delta del  Paraná en Entre Ríos y Santa Fe, Península Valdés en Chubut –declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO–, Laguna de Mar Chiquita en Córdoba, Bahía Samborombón en la provincia de Buenos Aires, Laguna de los Pozuelos en Jujuy, Palmar de Yatay en Entre Ríos, Lagunas y Esteros del Iberá en Corrientes o la Reserva Ecológica Costanera Sur –destacada por ser una reserva urbana– en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El último sitio designado fue la Reserva Natural Villavicencio en Mendoza.

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación está liderando un proceso de Inventario Nacional de Humedales. Asimismo, el país participa de las Iniciativas Regionales Ramsar para la conservación y uso sostenible de los humedales fluviales de la Cuenca del Plata (junto con Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay) y de los humedales altoandinos (junto con Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú y Venezuela).

Laura Brosio

 

FOTO: Los Esteros del Iberá están entre los humedales más importantes, incluso a nivel mundial.