Bernardo Houssay y su incansable vocación por la ciencia

El 23 de octubre se cumplieron 73 años de la obtención del Premio Nobel de Medicina por parte del argentino Bernardo Alberto Houssay en 1947. Recibió el galardón por sus investigaciones sobre la importancia de la glándula hipófisis en el metabolismo de los hidratos de carbono, descubrimiento que posibilitó nuevos avances en el tratamiento de la diabetes. Fue el primer latinoamericano en lograr semejante distinción en la categoría Ciencias.

Este médico, farmacéutico, docente e investigador nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887. Hijo de Clara Laffont y Alberto Guillermo Houssay –inmigrantes franceses-, era el menor de cuatro hermanos. Fue el primero de su familia en estudiar en Argentina. Sus padres, que se habían instalado en Buenos Aires en 1886, habían enviado a sus tres hijos mayores a estudiar a Francia. No contentos con los resultados, decidieron educar al más pequeño en su nueva ciudad adoptiva.

Houssay fue un niño y joven prodigio con grandes dotes intelectuales. A los 5 años rindió examen de ingreso a la primaria. Al ver sus respuestas, los maestros lo ubicaron directamente en tercer grado. Egresó del Colegio Nacional de Buenos Aires a los 13 años con un promedio de 8,84; se graduó como farmacéutico a los 17 y como médico a los 23, en la Universidad de Buenos Aires (UBA), con diploma de honor, con la tesis “Estudios sobre la acción de los extractos hipofisarios: ensayos sobre la fisiología del lóbulo posterior de la hipófisis”. En 1908 comenzó a ejercer como docente en dicha casa de estudios. Pronto se convirtió en un maestro universitario de enorme prestigio y en un respetable investigador.

Posteriormente comenzó su práctica clínica en el Hospital de Emergencias Psiquiátricas Marcelo Torcuato de Alvear, y en 1913 llegó a ser Jefe de Clínica en el citado nosocomio. Al mismo tiempo atendía su consultorio privado. En 1915 ingresó como Jefe de la sección Sueros en el Instituto Bacteriológico del Departamento Nacional de Higiene, donde organizó la producción y distribución en las provincias de sueros antiofídicos. Allí conoció a la doctora María Angélica Catán, su compañera de toda la vida, con quien tendría tres hijos.

El ejercicio de la Medicina no despertaba su pasión y pronto lo abandonó. En 1917 Houssay decidió abocarse exclusivamente a la docencia e investigación, y retomó sus estudios sobre la glándula hipófisis experimentando sobre ranas y perros. En 1919 fundó el Instituto de Fisiología en la Facultad de Medicina de la UBA, el cual dirigió hasta 1943 y luego desde 1955. El instituto se convirtió en un centro de excelencia mundial en el área de la investigación científica. En esa entidad, Houssay empezó su labor de enseñanza a sus discípulos, que luego se transformarían en los primeros profesores de Fisiología del país.

En 1922 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias. En 1933 el reconocido investigador impulsó la creación de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias y no cejó en destacar la importancia crucial del desarrollo científico.

En 1943 el gobierno militar de entonces lo dejó cesante en la UBA por haber firmado, junto con otras personalidades, una declaración de apoyo al bando aliado en el marco de la Segunda Guerra Mundial denominada “Democracia efectiva y solidaridad americana”. Luego el gobierno le ofreció una amnistía y cobrar los sueldos atrasados a modo de indemnización, lo que fue categóricamente rechazado por Houssay.

Al año siguiente creó en forma privada el Instituto de Biología y Medicina Experimental, en el cual realizó junto con sus compañeros más de mil trabajos de endocrinología, nutrición, farmacología, patología experimental, glándulas suprarrenales, páncreas, hipertensión, diabetes y otras áreas comprendidas por la Fisiología. En 1945 publicó su trabajo más relevante, el tratado Fisiología humana, traducido a las principales lenguas, gracias al cual alcanzó la consagración internacional a través de importantes premios. Asimismo, fue presidente de la Sociedad Argentina de Biología y de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. El médico obtuvo diferentes reconocimientos alrededor de todo el mundo. Más de veinte universidades le otorgaron el título de Doctor Honoris Causa, entre ellas las prestigiosas Harvard, Cambridge y Oxford.

En 1946 Houssay sufrió otra afrenta por parte del Estado: fue jubilado de oficio por un decreto del Poder Ejecutivo, ejercido por Juan Domingo Perón. Su regreso a la función universitaria fue en 1955, cuando volvió a ocupar el cargo de titular del Instituto de Fisiología. En 1958 promovió activamente la creación del CONICET, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas -la institución científica más importante del país-, organismo que dirigió hasta el día de su muerte, ocurrida a los 84 años, el 21 de septiembre de 1971.

Puede concluirse que el fomento de la investigación científica en el país fue uno de sus mayores desvelos. Sus esfuerzos quedaron plasmados en la creación de diversos institutos de investigación de fama mundial, donde se formaron varias generaciones de científicos. Entre sus discípulos debe mencionarse a Luis Federico Leloir, quien obtendría el Premio Nobel de Química en 1970.

Houssay rechazó con vehemencia las propuestas que se le realizaron para radicarse en Estados Unidos. Estaba firmemente convencido de que los frutos de la investigación científica debían servir en beneficio del país. En este sentido, expresó: “La ciencia no tiene patria pero el hombre de ciencia la tiene. Por mi parte, no acepté posiciones de profesor en Estados Unidos y no pienso dejar mi país porque aspiro a luchar para contribuir a que llegue alguna vez a ser una potencia científica de primera clase”.

Una anécdota lo pinta de cuerpo entero. En un primaveral día de 1947 su secretaria Josefina Yanguas recibió un telegrama escrito en inglés. De inmediato se lo acercó a Houssay, quien al leerlo sonrió, lo guardó en un cajón y continuó trabajando. El telegrama anunciaba su nominación al Premio Nobel de Medicina junto al matrimonio de Carl Cori y Gerty Cori.

Humilde y austero, su vocación por la ciencia y el conocimiento no tenía límites. En un discurso pronunciado en 1929 señaló al respecto: “El adelanto de las ciencias en un país es el índice más seguro de su civilización. Hablar del futuro de las ciencias en una nación es lo mismo que expresar qué jerarquía ocupará en el mundo civilizado. Falta de ciencia es sinónimo de barbarie o de atraso. La verdadera supremacía de un pueblo se basa en la labor silenciosa y obstinada de sus pensadores, hombres de ciencia y artistas; esta obra reporta fortuna y gloria al país, bienestar a toda la humanidad. La disyuntiva es clara: o bien se cultiva la ciencia y la investigación y el país es próspero y adelanta, o bien no se la practica debidamente y el país se estanca y retrocede. Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico, y los países pobres lo siguen siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.

A modo de homenaje, se instituyó al 10 de abril, fecha del nacimiento de Houssay, como el Día del Investigador Científico. Asimismo, el hospital municipal de Vicente López y la plaza situada en Córdoba y Junín, “la zona de las facultades”, llevan su nombre.

La vivienda en la cual residió entre 1925 y 1971, ubicada en Viamonte 2790, fue donada por sus hijos y convertida en la Casa Museo Bernardo Houssay en 1992. Las diferentes habitaciones fueron adecuadas para conservar sus escritos, reservando una sala especialmente para la exhibición de sus trabajos, premios y condecoraciones. Se realizó la clasificación de libros, cartas, fotos y folletos. También se procuró conservar la biblioteca tal como el investigador la utilizaba, incluidos los ficheros con sus fichas originales. El museo cuenta, además, con un auditorio.

Laura Brosio