Retiro y su patrimonio: las esculturas que ya no están (Nota 3)

-Por Josefina del Solar

La Fuente Catalana cuando estaba en la Plaza San Martín.

Desde la segunda mitad del siglo diecinueve y principalmente ya en el siglo veinte, Retiro tuvo una íntima relación con las artes plásticas. Baste recordar que el Museo Nacional de Bellas Artes tuvo su primera sede en el edificio Bon Marché, bien cerca de la Plaza San Martín, y luego en la misma Plaza, en instalaciones del Pabellón Argentino, donde estuvo por algo más de dos décadas, desde 1909  hasta 1932.

También fue, y lo es todavía, una zona de muchas e importantes galerías de arte. Pero su desarrollo urbano, y especialmente en el plano de la refinada arquitectura y el diseño paisajístico de sus espacios públicos, en consonancia  con una concepción del diseño de la Ciudad, hicieron que las esculturas formaran parte del paisaje en este barrio.

En la Plaza San Martín y sus cercanías sobre todo, paralelamente a ese desarrollo y de acuerdo con una concepción urbanística que apuntaba a hacer de Buenos Aires una ciudad a la altura de las más importantes, se emplazaron esculturas de relevantes artistas, muchos de ellos italianos, obras que conformaron un patrimonio cultural muy significativo.

Luego el paso del tiempo y una cantidad de factores que fueron cambiando en esta Ciudad hicieron que muchas de esas obras se deterioraran, fueran sustraídas en algunos casos, en otros trasladadas a otros sitios. Retiro fue perdiendo así una parte muy valiosa de su patrimonio artístico al aire libre, lo que visto en perspectiva es verdaderamente algo penoso, no solamente por esta consecuencia sino por sus causas que son más amplias, pero que serían, claro está,  motivo de otro análisis.

El caso es que en esta serie de notas que estamos publicando en La Gaceta del Retiro buscamos recuperar, en la medida de lo posible, la memoria de algunas de esas obras escultóricas que embellecieron nuestras calles y plazas y que hoy ya no están, o al menos en este barrio.

La Fuente de la Doncella o Fuente Catalana
La misma escultura en una foto actual, en el Parque Rivadavia.

Siendo la Argentina un país que ha abierto siempre sus puertas a la inmigración extranjera, lo que se hizo particularmente visible en la Ciudad de Buenos Aires, en diversas oportunidades las colectividades buscaron mostrar su gratitud a esta Ciudad donando alguna obra de arte que dejara una expresión valiosa y duradera de ese sentimiento. Abundan los ejemplos, muchos de los cuales se dieron para el Centenario de la Revolución de Mayo en 1910, con regalos para la joven Nación expresados por ejemplo por la Torre de los Ingleses, el Monumento de los Españoles o la estatua de Cristóbal Colón, esta última donada por la colectividad italiana y que ha sido motivo de una fuerte controversia en los últimos años, como es sabido.

Pero también ocurrió esto más allá de la magna fecha del Centenario de la Patria. En 1925 visitó el país un destacado escultor catalán, Joseph Llimona Bruguera, oportunidad en que la colectividad de esa región residente en Buenos Aires le pidió al artista la realización de una escultura para donarla a la Ciudad de Buenos Aires. El artista cumplió con este encargo y realizó una obra que representa a una mujer desnuda inclinada sobre un pilón para sacar agua, es decir que se trataba de una fuente. Su autor la llamó Fuente de la Doncella, aunque se la va a conocer más familiarmente como la Fuente Catalana.

La preciosa escultura se emplazó en 1931 en el que era por entonces un casi flamante Parque Rivadavia del barrio de Caballito, aunque antes de traerla a Buenos Aires fue expuesta en Barcelona.

Pero parece que la desnudez de la figura femenina, a pesar de su belleza y su delicado movimiento, llevó a pensar seguramente a las autoridades de entonces que no convenía para la exposición pública en ese lugar, y se pensó en sacarla. Según parece fue la propia colectividad catalana la que pidió que se le ubicara en la Plaza San Martín, y allí fue instalada la fuente, en un cantero bajo unos árboles, en el sector frente a la curva de Florida.

También con el paso del tiempo se la podía ver descuidada y sobre todo bastante escondida, es decir que lucía muy poco como obra de arte.

Ya en la primera década del 2000, y luego de una remodelación del Parque Rivadavia, vecinos de Caballito pidieron recuperar para ese lugar la Fuente Catalana, y así fue que en 2007 la Legislatura de la Ciudad dispuso que fuera reubicada en su emplazamiento original. En la actualidad se la puede ver como la muestra la fotografía, en dicho Parque sobre la calle Rosario a la altura de Viel.