24 febrero, 2024
En Retiro

Arroyo, una calle singular

Por Josefina del Solar

 

Arroyo es una calle corta, de apenas cuatro cuadras de extensión, pero especialmente elegante y distinguida, que se destacó por las características de su edificación y también por el trazado curvo en parte de su desarrollo. Va desde Esmeralda hasta Libertad y corre paralela a la Avenida del Libertador y Juncal, entre ambas arterias.

La calle Arroyo en la actualidad (foto La Gaceta del Retiro).

A comienzos del siglo diecinueve, las manzanas donde se alzan hoy edificios, algunos palacios y galerías de arte, estaban todavía lejos de pertenecer al sector más urbanizado de la ciudad. Se encontraban ocupadas por quintas, algunas de las cuales marcaron los nombres de las calles que después se fueron abriendo. Ese es el caso precisamente de la calle que nos ocupa, ya que su nombre recuerda a Don Manuel Andrés Arroyo y Pinedo (1778-1839), quien tenía su quinta ubicada en torno a la que es actualmente la intersección de Arroyo y Cerrito. Don Manuel fue una destacada personalidad en el Buenos Aires de esos años: tuvo una relevante participación en las Invasiones Inglesas, colaboró activamente con su amigo Juan Martín de Pueyrredón en la formación del Regimiento de Húsares, participó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, formó parte más delante de la Legislatura de Buenos Aires y fue además director y luego presidente del Banco Nacional.

Cuando a comienzos del siglo veinte, en plena expansión y modernización de Buenos Aires, lo que es actualmente el barrio de Retiro se estaba transformando en un lugar de importantes residencias privadas, se proyectan entonces una serie de cambios en la zona para adecuarla a los nuevos tiempos. En ese contexto se decide la apertura de una calle, a la que una Ordenanza Municipal de diciembre de 1902 denomina Arroyo.

Claro que completar su trazado no fue un hecho inmediato. En Juncal y Esmeralda funcionaba por entonces un establecimiento industrial, la cervecería que había sido de Emilio Bieckert, quien la había vendido en 1895, antes de regresar a Europa. El establecimiento siguió funcionando después de eso; pero como abarcaba desde Juncal hasta la actual Avenida del Libertador, su presencia impedía completar el trazado de la calle, por lo que se hacía necesario comprar el terreno que ocupaba. Para la época del Centenario de la Revolución de Mayo lo adquiere el empresario naviero Nicolás Mihanovich; y seguramente convencido de la necesidad de sintonizar con los cambios que se estaban dando en la zona con la construcción de importantes residencias, decide subdividirlo en fracciones para su posterior venta. Esto ocurre en 1911, y junto con la demolición de varias construcciones comienzan los trabajos de apertura del tramo correspondiente de Arroyo, que se concreta en 1912.

El estilo de edificación que va a caracterizar a esta calle desde sus inicios va a estar inspirado principalmente en la arquitectura francesa. Surge así en ella un conjunto de magníficas residencias particulares. Muchas de esas edificaciones con características de petit hotel que hacían recordar a algún rincón de París ya no están, a causa de cambios que han ocurrido. Principalmente la apertura de la Avenida 9 de Julio hacia el bajo, que recortó una cuadra completa del breve trayecto de Arroyo fracturando en dos esta calle, lo que en buena medida atentó contra una unidad de trazado y de estilo que la caracterizaban desde un principio e hizo desaparecer magníficas construcciones. También hubo otros factores, como cambios económicos que atentaron contra la permanencia de una cantidad de residencias que hoy podemos ver solamente en fotos de época.

Otros palacios y edificios de Arroyo han perdurado hasta hoy. Un ejemplo significativo es el del Palacio Atucha de Arroyo y Cerrito. Su construcción data de 1914. Es obra del prestigioso arquitecto francés René Sergent (1865-1927), quien lo construyó para residencia del matrimonio constituido por Jorge Atucha y María Teresa Llavallol. Se lo considera expresión de un clasicismo depurado, lo que se evidencia tanto en sus líneas exteriores como en la decoración interior. Afortunadamente este palacio se ha conservado, aunque ha tenido alguna modificación en su textura externa, como también ocurrió con otros edificios de sus características, ya que la piedra de su revestimiento original fue pintada en más de una oportunidad.

Podemos mencionar también al Palacio Pereda, perteneciente a la Embajada de Brasil, y el Ortiz Basualdo, actual Embajada de Francia. Por su fisonomía inconfundible que la ha convertido también en uno de los íconos de Retiro, debemos mencionar a la Torre Mihanovich. En este punto recordamos que en la década del ´20 comienzan a surgir en Buenos Aires los primeros edificios de muchos pisos llamados “rascacielos”, ya inspirados en las construcciones norteamericanas. Uno de ellos fue precisamente el Edificio o Torre Mihanovich, situado en Arroyo entre Esmeralda y Suipacha, es decir en parte de los terrenos mencionados con anterioridad. Nicolás Mihanovich encargó el proyecto a los arquitectos Calvo, Jacobs y Giménez, que ya habían realizado importantes residencias particulares, y la construcción del edificio va a estar a cargo de la empresa Bencich Hermanos. Inicialmente se lo había proyectado con una altura de 95 metros, la que resultaba particularmente elevada, sobre todo si se tiene en cuenta que se trataba de una zona en la que primaba otro tipo de construcciones. Finalmente, y luego de sortear algunas dificultades, se reduce la altura del edificio a 75 metros. La construcción finaliza en 1928. A partir de allí, su perfil en forma de torre, que culmina en su parte superior con una pirámide escalonada de inspiración art déco pasa a ser un elemento característico del paisaje urbano de la zona. A la muerte de Mihanovich el edificio es adquirido por los Hnos. Bencich. En 2002 es remodelado para la instalación allí del Hotel Sofitel. Esto fue hasta 2017, en que el Hotel se trasladó a otro lugar. En el momento de redactar estas líneas se encuentra cerrado, aunque se ha anunciado la instalación allí de un nuevo hotel perteneciente a otra firma.

El edificio de la Embajada de Israel mucho antes de su destrucción por el atentado.

No podemos omitir la mención al llamado Bencich Arroyo (para diferenciarlo de otros que llevan ese nombre). Ubicado en Arroyo y Suipacha, su fachada característica sigue el trazado curvo de la calle. Es obra del arquitecto Eduardo Le Monnier, y fue construido en 1927 también por los Bencich. De estilo ecléctico, alberga departamentos y ha sido utilizado como escenario para películas. El atentado de 1992 contra la Embajada de Israel, situada calle de por medio, dañó en parte su fachada, que debió ser restaurada.

Un destacado edificio que ya no se encuentra, pero a causa de un desgraciado hecho, es el de la Embajada de Israel de Arroyo y Suipacha. Fue diseñado por el arquitecto Alejandro Virasoro en 1925 para residencia de Enrique Lastra. Años después lo adquirió el Estado de Israel para su sede diplomática en la Argentina, la que fue inaugurada en 1950. Desde entonces el edificio cumplió esta función, hasta que el 17 de marzo de 1992 sufrió el atentado mencionado, que no solamente lo destruyó sino que costó la vida a 22 personas, dejando más de 200 heridos y numerosos daños en edificios cercanos. En el predio en el que se encontraba se abrió una plaza denominada Embajada de Israel, en la que una placa con los nombres de los fallecidos y un conjunto de tilos plantados especialmente, recuerdan de manera permanente a las víctimas.

 

Foto de Arriba: La Torre Mihanovich y algo del Bencich Arroyo, pueden verse en una fotografía de fines de la década del ’20 del siglo pasado.