Felicitas Luna, directora del Museo José Hernández

Entrevista 

Por Josefina del Solar

Felicitas Luna es historiadora. Ha trabajado durante años en la revista Todo es Historia, fundada por su padre, Félix Luna, y junto a él. En la actualidad dirige el Museo de Arte Popular José Hernández. Y además es vecina de Retiro.

El Museo de Arte Popular José Hernández -MAP-  tiene su sede en una casona ubicada en Barrio Parque, que fue del coleccionista Félix Bunge y que éste donó para que a su muerte le fuera “entregada con todo su mobiliario a la Municipalidad de Buenos Aires para que la destine a un museo de motivos argentinos”. En 1938 la Municipalidad estableció la creación del que se llamaría en esa primera etapa, Museo de Motivos Argentinos. Pasó por distintas alternativas en la definición de su perfil, hasta que años después se lo denominó José Hernández. Hoy es un museo dinámico en su desenvolvimiento, dotado de un rico patrimonio, que “colecciona, investiga y promueve el arte popular en sus diferentes variantes”, con especial dedicación al tema artesanías.

Lo dirige Felicitas Luna, quien con una infatigable dedicación, conocimientos y capacidad, lleva adelante allí una más que interesante actividad.

Habitualmente solemos preguntar al comienzo de una entrevista cual es el origen de una vocación o de una actividad. En tu caso creo que es innecesario preguntarte cómo se te ocurrió dedicarte a la historia…. Pero contame de todos modos algo de la tarea junto a tu padre,y en la revista Todo es Historia.

– Yo creo que heredé fundamentalmente el amor por el país y su pasado. En realidad el más conocido es mi papá que era Félix Luna; pero mi madre era una riojana –Negra Luna le decían- que tenía mucha personalidad. Y tenía un local de artesanías. Ellos dos fueron maravillosos en todo lo que nos dieron a sus hijas. Así que la vertiente de ser historiadora lógicamente me viene de allí. Yo estudié la carrera de Historia para tener un marco conceptual. Adoré la carrera, la hice en la UBA. Y estando en la Universidad empecé a interesarme por las imágenes, y de allí por el patrimonio fotográfico. Trabajé años en eso, incluso cuando murió papá seguí trabajando. Y cuando entré al Museo seguí un tiempo. Pero cuando en 2017 cumplió 50 años la publicación sentí que era complejo estar en las dos cosas y me dediqué exclusivamente al Museo. Para mí creo que fue una buena combinación estar en la revista, ocuparme de la historia, junto a lo de las artesanías que recibí de mi mamá. Yo por ella entré en contacto con artesanos, y no solo plateros u orfebres sino en textil, talabartería…Y cuando me ofrecieron lo del Museo en principio dije déjenme pensarlo, porque nunca imaginé dedicarme a la gestión. Pero cuando entre aquí sentí que había mucho por hacer, mucho por construir.

¿Y qué te dejo fundamentalmente tu tarea en Todo es Historia?

– Muchas cosas. Lo primero, respeto y  humildad frente al interior del país. Porque la revista llegaba a todo el país. A pesar de que yo tenía orígenes riojanos por mi familia, vivenciar el federalismo fue una de ellas. Otra cosa es la capacidad de gestión. Porque no era fácil sacar una revista mensual, sostenerla, buscar los apoyos económicos… El contenido no, porque siempre había una cantera de autores. Pero ser una revista en la que el compromiso era tocar seriamente temas de investigación historiográfica pero a la vez saber divulgarlos… Entonces, en una institución creo que éste es también el desafío: convocar nuevos públicos, nuevas miradas sobre lo tradicional.

Además, con una publicación tenés también que ir adecuándote a los tiempos ¿no?

– Sí. Quizás a vos te pasa en la publicación, y a mí me pasa en el Museo: tratar de estar un poco más allá, de ser como una referencia. Una institución es eso también, un lugar para trabajar en temas y en propuestas que pueden ser discutidas o no, pero que tenés que pensarlas por la comunidad, porque estás inserta en una comunidad. Yo creo que a mí la revista me dio eso; y oficio, olfato para estas cosas. Cuando me surgió esta posibilidad (de dirigir el Museo) para mí fue todo un desafío. En la gestión no es lo mismo una entidad privada que una pública. Y a mí me gusta toda la cadena desde la entrada: que todo esté lindo, que el visitante se sienta cómodo, que se sienta interpelado pero no agredido, que pueda aprender.

Entonces ¿cuál es tu idea central para concretar aquí?

– En el caso de un museo dedicado a la artesanía, yo siento que mi misión es que la gente vivencie lo moderno, lo innovador que hay en los artesanos, sobre todo en lo referido a la problemática actual, como es el caso del medio ambiente, por ejemplo. Es lo que se ve en la muestra que tenemos: (N: la llamada Neoartesanías) el aspecto de los materiales, del trabajo de experimentar con distintos formatos, el tema de la cadena de valor que es que se trabaje con materiales que no signifiquen la explotación de animales o de niños. En eso el artesano siempre está probando, siempre está desafiando.  Pienso que la misión del Museo es ofrecerles este espacio de ellos, y también ofrecerles alternativas de estudios de marketing, de posicionamiento de la artesanía en el mundo, todo eso. Yo creo que los artesanos se están posicionando en la modernidad. Y que la artesanía nos desafía a eso, con artesanos que experimentan textil con cerámica, con platería, o que trabajan con cerámica en 3D…

Esto último lo vimos precisamente aquí en esta muestra, y me parece asombroso…

– A  nosotros también. Y es artesanía…Entonces a mí me parece clave que se vea todo lo que genera la artesanía. Dentro de la currícula anual, siempre trato de hacer alguna exhibición que tenga que ver con el patrimonio del Museo, otra con artesanos contemporáneos, otra con artesanías y artesanos con técnicas más tradicionales, algunas latinoamericanas también, y después una muestra que sea como un desafío: a veces puede ser un homenaje a algún maestro artesano, o referida a técnicas.

Lo que explicás es muy interesante: la artesanía es una alternativa a problemáticas contemporáneas…

-Totalmente. Si se ve cómo trabajaba la lana o las tintes una artesana tradicional, todo eso es de una modernidad…  Y es una herencia de la que no hay que olvidarse. Entonces una de las misiones del Museo es –con exhibiciones bien puestas, producidas- recordar a esos maestros, darle un posicionamiento a la artesanía, que el artesano trabaje con diseñadores, con arquitectos, una marca país que trabaje para exportar. Siempre digo que en muchas cosas los artesanos van a la vanguardia. En marzo estamos subiendo una muestra de artesanos de la madera. Que son de todo el país, pero que trabajan con maderas del lugar, que tratan de hacerle el menor daño al medio ambiente, con una cadena de producción muy sana y muy actual. Hay pocas disciplinas que pueden hacer eso. También siempre quiero que los contenidos que toman lo contemporáneo dialoguen con lo formativo, con lo histórico.

Claro, por eso la importancia de la historia, el conocer cómo han sido las cosas, para entender como son en la actualidad ¿no?

-Si, y eso es también la función de un museo, con sus colecciones. Aquí  tenemos colección de textiles, de platería, de cestería, de cerámica. Y ahí está el desafío: primero cuidar el pasado con el material patrimonial, y luego ver como lo exhibís hacia el futuro, para que se respete, se tengan nuevas miradas, se potencie. Aquí todo el tiempo estoy jugando con cómo se entrecruzan el pasado con el presente y eso hacia el futuro.

“En la muestra Neoartesanías se ve el trabajo de los artesanos de experimentar con materiales, con distintos formatos…”

¿Y qué proyectos tienen para el año?

-Tenemos una programación intensa. Estoy muy contenta de que vamos a presentar el Salón de Pequeño y Mediano Formato, un clásico en el Museo. Vamos a hacer una muestra muy buena también a mitad de año con ponchos, de 20 artistas textiles que reinterpretan el poncho. Van a estar artistas contemporáneos y ponchos de la colección. El 8 de abril inauguramos una muestra sobre joyería contemporánea, un homenaje a 4 maestros: Jorge Castañón, Graciela Lescano, Mabel Pena y Fabiana Gadano.  Después hay otra muestra muy linda en septiembre sobre el patrimonio botánico. Y ahora, por el Día del Artesano, el 19 y 20 de marzo hacemos una serie de actividades con presencia de artesanos,  música, talleres, exposiciones, cine debate y una capacitación para mujeres emprendedoras. Nos interesa también hacer actividades acá en el jardín: festejar el Día de Catamarca, el Día del Chamamé, vamos a hacer conciertos un domingo por mes. La Asociación Amigos hizo el año pasado talleres de folklore con el equipo de Julio Bocca. Habían hecho una interpretación del Martin Fierro, la vi y me gustó, así que lo vamos a hacer aquí. Porque otro de los eventos va a ser el festejo por los 150 años de la publicación del Martín Fierro. Por suerte está la Asociación Amigos del Museo con la que trabajamos mucho.

 Y con tanta tarea ¿te queda tiempo para algún gusto personal, alguna actividad que te guste?

Sí. Primero, apuesto mucho a la familia. Después tengo un Club de la Lectura, hace 8 años,  y me potencia, me da alegría, me hace ver otra cosa no solo lo mío desde la profesión. Retomé idiomas, y retomé gimnasia. Y trabajo mucho, me encanta, soy medio workaholic, estoy en casa y estoy pensando cosas para el Museo. Nunca me imaginé que me iba a gustar tanto trabajar en esto.

También sos vecina de Retiro. ¿Cómo ves al barrio?

– Yo viví toda mi vida en Arroyo hasta que me casé. Y hace cinco años que me mudé otra vez a Retiro. Ahora el barrio se está recuperando de la pandemia. Y se ven muchas cosas, es multicultural. Además hay ahora muchos negocios. Y me reencontré con los lapachos, en la 9 de Julio, por ejemplo. Hay una cosa de color y de luz que es un placer. Arroyo por ejemplo me encanta como está. Yo recuerdo lo que fue el atentado –nosotros vivíamos enfrente de la Embajada (de Israel)- y lo que fue el tiempo posterior, así que verla así, la encuentro muy linda. Retiro es un barrio que me encanta.

Foto de arriba:

-Felicitas Luna en el Museo, junto a un dibujo de Sábat que representa a José Hernández.

(Fotos La Gaceta del Retiro).