27 febrero, 2024
Historia

Manuel Belgrano y la Educación

Por Josefina del Solar          

Manuel Belgrano fue el primer impulsor de la educación gratuita para todos, en la época del nacimiento de la Patria.

Asomarse siquiera a la vida y trayectoria de Manuel Belgrano implica siempre ir descubriendo matices en la personalidad  del prócer y su accionar, pero no menos en su pensamiento. Es que es tanta su influencia en la formación de lo que iba a ser posteriormente la Argentina,  que insistimos en este concepto que ya hemos expresado con anterioridad: difícilmente pueda hallarse otra figura que haya tenido una presencia y un papel tan relevante en todos los hechos que sentaron las bases del país; y más aún con el nivel de entrega, de patriotismo y desinterés que lo caracterizaron. Pero por eso quizás muchas veces, priorizando el enfoque sobre su actuación en la Revolución de Mayo, su participación posterior como militar o el icónico rol de creador de la enseña nacional, no se atiende tanto lo que ha sido como teórico sobre aspectos vinculados a la política y la economía.

En este punto nos interesa recordar algunos ejes de su pensamiento y su accionar en favor de la educación. En primer lugar, seguramente fue determinante para esto su propia experiencia personal, ya que Belgrano tuvo una excelente educación, la mejor que podía recibir en su medio y en su época; primeramente en la propia Buenos Aires donde nació, fue alumno del Real Colegio de San Carlos, antecesor del Nacional Buenos Aires; y luego en la realización de sus estudios universitarios en la España borbónica de fines del siglo diecinueve, hacia donde partió a los 16 años. Allí se puso en contacto con autores de los más avanzados de la época. Manejaba idiomas extranjeros, lo que le permitió leer y traducir obras que estaban en auge en esos momentos; y joven como era se llenó de ideas que soñó para impulsar la vida en su tierra natal.

Estudió leyes, pero como él mismo lo destacó, su mayor interés estuvo orientado hacia la economía política. Y a su retorno a Buenos Aires, especialmente desde su cargo de secretario del Consulado, va a fomentar determinadas actividades productivas y el comercio. Pero lo que resulta a destacar en este caso es que Belgrano comprende cabalmente la importancia de la educación como un mecanismo indispensable en lo que hoy llamaríamos desarrollo. Incluso expresa claramente, en un concepto que nos suena muy moderno, la relación entre educación y economía. En varios de los informes anuales del Consulado se refiere a la necesidad de que la educación llegue a todos,  a la gente del campo, por ejemplo, y dice cómo debería hacerse. “… debemos tratar de atender a una necesidad tan urgente, como es la que estamos de establecimientos de enseñanza, para cooperar con (…) la propagación de los conocimientos, y formar al hombre moral, (…) que en adelante pueda ser útil al Estado, y seguir con mayores fomentos en ramos tan precisos”.

Claro que observar la realidad del estado de la población de este territorio, le hace comprender y expresar, poco antes de la Revolución que implicaría el primer gobierno patrio, la necesidad de emprender una campaña profunda por la educación. Dice Belgrano en el Correo de Comercio, periódico fundado en 1809 y cuya redacción estaba a su cargo:

“No es fácil corresponder en que ha podido consistir, ni en que consista que el fundamento más sólido, la base, digámoslo así, y el origen verdadero de la felicidad pública, cual es la educación, se halla en un estado tan miserable”. (.…) “…los ha habido, los hay, es a saber escuelas de primeras letras, pero sin unas constituciones formales, sin una inspección del Gobierno y entregadas acaso a la ignorancia misma (…)  A la falta de estos establecimientos debemos atribuir los horrores que observamos, casi sin salir de poblado…” Para agregar más adelante, atribuyendo a la carencia de educación la existencia de lo que considera males en la sociedad: “¿Cómo, cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios, y que el Gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza, y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos?

Abunda Belgrano en descripciones y ejemplos, pero también piensa en cómo solucionar las carencias apelando a los recursos existentes; pero deja entrever al mismo tiempo que los males eran propios de una era que estaba quedando atrás. Como él mismo afirmó, aprovechaba esos artículos del Correo de Comercio para ir creando un clima que preanunciaba el cambio político. Señala así: “Pero gracias al cielo, desapareció ese tiempo, y el celo por el bien público y la sabiduría han venido a subrogar esos rayos de barbarie; promoviendo todo lo útil, todo lo ventajoso, y en particular la propagación de los conocimientos…” Y agrega como algo imperioso: “Pónganse escuelas de primeras letras costeadas de los propios y arbitrios de las ciudades y villas, en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones, y muy particularmente en la campaña.(…) Obliguen los jueces a los padres a que manden sus hijos a la escuela, por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar (…) Prediquen los párrocos acerca del deber de la enseñanza a los hijos; estimulen a los padres para que les den tan arreglada dirección (…); franqueen sus iglesias para los exámenes públicos… Y finaliza: “Convencidos de la necesidad de separar de nosotros, males tan graves por medio de los establecimientos de educación, adoptemos los arbitrios propuestos u otros que se juzguen más fáciles, y muy pronto veremos cambiar el aspecto moral y físico de la Patria”.

Belgrano insiste en sus artículos sobre la necesidad de hacer llegar a la población las bases de la instrucción, como una necesidad para el crecimiento, en todo sentido. Y va a referirse también a la necesidad de la educación para la mujer. En uno de ellos, apenas posterior a la Revolución, en julio de 1810, señala: “Nuestros lectores tal vez se fastidiarán con que les hablemos tanto de escuelas; pero que se convenzan de que existen en un país nuevo que necesita echar los fundamentos de su prosperidad perpetua; (…) El bello sexo no tiene más escuela pública en esta Capital que la que se llama S. Miguel (…) Pero tenemos ya fondos destinados a esta empresa; pues se nos asegura que hay mandas de algunos ciudadanos beneméritos para establecer escuelas de niñas”.

En fin, que son numerosos los textos en los que nuestro prócer aboga por la necesidad de una educación para todos, especialmente para los más pobres. Y también resalta la importancia del arte y de la educación artística. Desde el Consulado precisamente impulsa la creación de una escuela de Dibujo. Así es como en 1799 se funda la Escuela de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo, es decir la primera escuela de Dibujo local.

Y no sólo teorizó sobre el tema. Recordemos simplemente que luego de la batalla de Salta, el gobierno lo premia con la suma de 40.000 pesos, y Belgrano dona ese dinero para la fundación de cuatro escuelas. Redacta también un Reglamento para éstas, en el que establece cómo debía ser su funcionamiento, pero asimismo algo muy importante: las dotes morales que debía tener el maestro, y la consideración con que debía ser tratado en la sociedad.

Foto de arriba:

  • El Real Colegio de San Carlos fue la base de la educación de Belgrano en nuestro territorio.