22 febrero, 2024
Cultura

Aniversario

Hoy 17 de agosto de 2020 se cumple el primer aniversario de la partida de la gran soprano Adelaida Negri. Figura de la lírica argentina, con una trayectoria internacional de excepción ya que cantó en roles protagónicos con cantantes de renombre como Luciano Pavarotti o Plácido Domingo en los más importantes escenarios del mundo, incluido por supuesto nuestro Teatro Colón en el que se formó. Pero además fue una impulsora del género en nuestro país. Al regresar luego de su estadía de varios años en Europa fundó la Casa de la Opera de Buenos Aires, en la que se hacían conciertos líricos; montó y dirigió año tras año óperas en escenarios locales como el Teatro Avenida, que interpretaba dándole también espacios a valores jóvenes que en muchos casos llegaban así a un escenario importante; y rescató además óperas menos difundidas, sobre todo del repertorio italiano, entre tantas actividades que desplegó. De tal modo su labor como artista, pero asimismo como impulsora del género lírico fue inmensa, de allí que su partida que se dio poco más de un mes después de haber presentado un recital en su Casa de la Opera, significa una enorme pérdida para la cultura argentina. Le brindamos aquí nuestro recuerdo y homenaje que va también para una personalidad plena de valores; y compartimos a continuación una nota que escribió especialmente para nuestro periódico el maestro Hugo Sanz, músico que integró las formaciones orquestales que participaron de sus puestas, miembro además del Ensamble XXXII, con el que Adelaida brindó sus últimos conciertos. J.del S.

A. Negri junto al Ensamble XXXII en un concierto en el Centro Naval, septiembre de 2018.

Adelaida Negri, un ejemplo de bondad, perseverancia y generosidad

El nombre de Adelaida Negri, ocupa una infinidad de páginas biográficas, notas periodísticas, viajes, anécdotas, grabaciones, entrevistas, títulos y escenarios compartidos con los nombres más significativos de la lírica mundial.

El rescate y publicación de toda una vida de artista es obra de los biógrafos y sin dudas el Prof. Christian Lauría lo ha expresado magníficamente en su libro Adelaida Negri. Vida, arte y talento, que por supuesto, recomiendo. De tal manera no voy a referirme en particular a la figura artística de la Sra. Negri, sino a su filantropía y a la oportunidad que a través la Casa de la Ópera de Buenos Aires, fundada por ella, brindó a una innumerable lista de estudiantes de la lírica, directores, regisseurs, cantantes, y músicos como quien escribe.

Comencé temprano mis estudios de música y agradezco haber vivido en una familia en la que permanentemente había un tocadiscos o una radio funcionando, y la música ocupaba un lugar privilegiado en el hogar. Los músicos no sabemos adónde la música nos puede llevar. En mi caso, habiendo elegido como instrumento el contrabajo, y habiendo tenido la posibilidad de hacer algunos viajes de estudio y otros como artista, fue La Casa de la Ópera de Buenos Aires y su fundadora quienes me brindaron la posibilidad de acceder como integrante a una Orquesta de repertorio lírico.

Luego de haber brillado en todo el mundo, Adelaida Negri y el Mtro. Bernardo Toscano, su profesor y esposo, decidieron regresar a Buenos Aires y aquí establecerse definitivamente.

Adelaida observó que los únicos espacios para la lírica eran y son el Teatro Colón, el Teatro Argentino de La Plata y el Teatro El Círculo en Rosario, que afortunadamente se había salvado de ser demolido en 1948. En síntesis, los mismos espacios que ya existían cuando partió hacia Europa. Para los músicos académicos del país sucede exactamente lo mismo. No teniendo la oportunidad de integrar alguna de esas orquestas en esos teatros, será casi imposible, excepto producciones alternativas y únicas, acceder a interpretar los grandes títulos de la literatura operística. Es que la ópera requiere una enorme estructura, no solamente una gran orquesta destinada a interpretar ese repertorio, sino también un teatro de notables dimensiones, cantantes, preparadores, directores, personal técnico, sastres, zapateros, carpinteros, y una extensa lista de trabajadores con oficio que hacen posible poner en escena espectáculos de esa talla. Fue entonces que Adelaida decidiría transformar su casa paterna en La Casa de la Ópera de Buenos Aires, y brindar no solo espacios artísticos para jóvenes intérpretes, directores y músicos sino empleo y oportunidades para tantos otros. En mi caso, tuve la oportunidad de ser convocado como integrante de la Orquesta de La Casa de la Ópera de Buenos Aires y comenzar a interpretar un repertorio hasta ese momento desconocido para mí. En ocasiones, las orquestas que no son del género interpretan solo las oberturas, prólogos o fragmentos instrumentales, y con la presencia de solistas invitados; se abordan las arias, duettos o tríos de aquellas óperas ya consagradas compuestas generalmente por Bellini, Donizzetti, Verdi, Puccini, y otros compositores franceses o alemanes, siendo los italianos los que más atraen a la audiencia.

Corría por entonces el año 2000 y Adelaida decidió que la Orquesta de La Casa de la Ópera sería una realidad. Desde luego, eran convocados a integrarla los grandes maestros de la Orquesta Estable del Teatro Colón, amplios conocedores del repertorio lírico; y otros como yo, que ya formados en la ejecución del instrumento, teníamos la enorme posibilidad de acceder al género.

Cada ensayo era un aprendizaje para mí. Conocer las indicaciones realizadas por el director, las observaciones hechas por el concertino y también atender a los consejos brindados por otros colegas experimentados en el género, pero sobre todo, comenzar a educar un oído que no tiene límites en la posibilidad de la escucha. Fueron años significativos en lo que a formación académica se refiere y tuve la fortuna de haber participado en absolutamente todas las puestas líricas que La Casa de la Ópera y su Orquesta llevaron a cabo.

Además de las óperas que se ponían en escena, Adelaida Negri, con esa misma Orquesta; ofreció muchísimas Galas Líricas, e incluso muchas a beneficio de Instituciones de bien público, donde dio lugar a jóvenes directores e intérpretes que hoy brillan en teatros de la lírica nacional e internacional.

El armado de una ópera lleva muchos meses de preparación hasta llegar a la primera función. Como expresé anteriormente, el género lírico emplea muchas personas con idoneidad y oficio, donde la actividad de cada uno conforma un enorme equipo de trabajo.

La decisión y elección de algún título de ópera y su puesta en escena, tiene mucho que ver con el libreto, el idioma, la cantidad de personajes principales y secundarios, el coro, los cuadros, los actos, la duración del espectáculo, la elección de un teatro con escenario acorde, el material impreso para la orquesta, la escenografía, la vestimenta, e infinidad de detalles que serían muy extensos de enumerar aquí. Como era de esperarse, una convocatoria de Adelaida Negri y La Casa de la Ópera provocaba una alteración en la agenda de cada uno de los convidados. Todos queríamos estar, ser parte integrante, vivir el privilegio que la música nos otorga y entonces acomodábamos horarios y corríamos compromisos contraídos con antelación, para que participar fuera posible. Entonces las caras volvían a repetirse, y un nuevo título permitía también que otros nuevos artistas se sumasen.

Una vez elegidos los intérpretes líricos, se abordaba la ópera con un maestro repertorista al piano y el director o directora en la sede de la calle Samperio, en Barracas. Los compositores del género lírico, una vez terminada su obra, la reducen a una interpretación de canto y piano, no solamente para su estudio sino también para que pueda ser representada en espacios artísticos reducidos para el que también se utilizaba la Casa de la Ópera. Asimismo, estas tertulias previas al estreno, gozaban de la presencia del periodismo y la crítica especializada que acompañaba los días previos al estreno teatral. Eran días de intensa actividad, se definía la puesta en escena, la actuación, la vestimenta y todos los detalles al respecto. Además, y en forma sobresaliente, Adelaida Negri cumplía un rol docente que trascendía no solo por enseñar los contenidos relacionados con el canto, la lírica y sus particularidades, sino por transmitir y compartir toda la experiencia que los grandes escenarios le habían dado.

Por otro lado, la Orquesta en una secuencia de días de ensayo que no atendía a sábados, domingos o feriados. Ensayaba dos o tres días hasta que se sumaban los solistas, el coro, y ahora sí, cada uno con su rol estudiado y aprendido, más la escenografía, nos dirigíamos al estreno. Durante esos días previos, y además del ensayo diario, siempre llevaba conmigo mi particella, que a diferencia de la partitura, solo tiene la parte que al contrabajo le cabe interpretar.

El día del estreno acapara la vida del artista cualquiera fuere su rol. El estreno comienza desde la mañana, con la elección del vestuario, la llegada al teatro con suficiente antelación, y el pensamiento direccionado en aquello que irá a suceder. Desde el foso de una orquesta suele observarse la cúpula del Teatro, oírse el murmullo de los espectadores y el sonido de los instrumentos de los compañeros que afinan y realizan ejercicios técnicos preludiando lo que vendrá musicalmente. Llegado el momento, lentamente las luces van perdiendo su intensidad mientras el silencio se apodera del recinto. Allí es entonces cuando emerge desde el seno de la Orquesta y se encarama en el podio la figura del director seguido por una luz que lo identifica, mientras saluda a los espectadores, al concertino y a la Orquesta entera que permanece de pie y espera tomar asiento cuando él así lo indique. Terminado ese ritual, y mientras se escucha alguna tos lejana o el chirrido de alguna butaca en donde su espectador se acomoda, el silencio se torna absoluto y parece eterno. Tiene paso entonces la obertura o el prólogo, generalmente con el telón cerrado. Es el momento de lucimiento de la orquesta que luego de este fragmento exclusivamente instrumental, es invitada por el Director a ponerse de pie y recibir el aplauso de la audiencia.

De allí en más, todo será de las luces, las escenas, los decorados y los personajes dando inicio al teatro lírico por excelencia.

Adelaida tuvo siempre sus seguidores infaltables. Su presencia en la escena creaba un magnetismo y una atención que solo logran los grandes artistas. En la ópera, los espectadores aplauden cuantas veces les place y la orquesta y los personajes del cuadro, esperan a que finalice el último clamor para reanudar la ópera. Adelaida, luego de una interpretación, se llevaba muchos minutos de aplauso cerrado. Desde el foso de la orquesta los músicos no vemos lo que sucede sobre el escenario, pero podemos escuchar y reconocer las voces identificando los personajes.

La música transcurre en el tiempo y terminada la función todos los artistas, excepto la orquesta, saludan una y otra vez desde el escenario y el público bate palmas y se entusiasma fervorosamente, otros, abandonan sus butacas en la platea para acercarse hasta el foso y apreciar los decorados, la vestimenta y ver de cerca a los artistas caracterizados. El director abandona el foso y también se suma al saludo en el escenario.

El saludo final, como no podía ser de otra manera; era de la Sra. Adelaida Negri, y entonces, los aplausos y los vítores se multiplicaban. En cada función caían flores desde los palcos, y además los personajes principales recibían sendos ramos.

En un acto que la representa como artista y persona, la Sra. Negri, se acercaba al borde del escenario y agradecía con su mano en el corazón la actuación de la Orquesta, de su Orquesta; y esas mismas flores que había recibido, las retiraba del ramo y las arrojaba a izquierda y derecha del foso para nosotros los músicos. Más de una vez me he retirado del teatro feliz y dichoso con una rosa roja o un clavel blanco en la mano.

Existe una creencia que confiere a los artistas, y en particular a los intérpretes de la lírica o los grandes músicos académicos el mote de “divos”. Adelaida Negri fue una diva absoluta, una artista con suficientes méritos en su carrera profesional. No fue engreída, no lo necesitaba. Sabía muy bien donde estaba posicionada. Podía relacionarse con cualquiera que participase de la puesta de sus óperas, cantantes, músicos, coreutas, y nunca se negó a compartir una fotografía o dejar su autógrafo en un programa de mano. Siempre amable, con su sonrisa y su figura elegante se dejaba ver entre bambalinas y camarines, estando atenta a que todo sucediera  tal cual se había planificado, y que nada faltara. Llegaba primera al teatro y se iba última, siempre quedaba gente esperando su salida y para todos, siempre tenía su sonrisa a flor de labios y su excelente disposición para recibir el afecto y el saludo de sus seguidores.

En lo personal, Adelaida y su Casa de la Ópera han sido absolutamente nobles y amables con todos los que hemos sido parte. Es menester saber que todos los títulos de Ópera y Galas Líricas han sido registrados y editados en formato CD o DVD y que ello permitió que muchos músicos acrecentáramos nuestro currículum profesional. Detrás de cada producción, existió un trato profesional, una valoración por el desempeño de cada artista, una gratitud infinita que a su  vez generó siempre un compromiso en ascenso título tras título. Terminadas las funciones continuábamos recibiendo gratitudes a través de notas periodísticas y correos electrónicos. Adelaida, además de ser intérprete en sus propias producciones, trabajó junto a su equipo de La Casa de la Ópera en forma incansable. Aquí merece su espacio y reconocimiento la Sra. Leticia Jalil, una persona de enorme capacidad de gestión y coordinación, que estuvo a su lado como secretaria y amiga, y acompañó a la Sra. Negri hasta su partida, quedando luego a cargo del Mtro. Bernardo Toscano a quien también acompañó y cuidó hasta su último día.

La Casa de la Ópera, ocupó un lugar indiscutido en el espacio de la Lírica Nacional y nos brindó espacios inalcanzables por propios medios a muchísimos artistas. La vida misma se lleva nuestro tiempo en hacer aquello que amamos y la Sra. Adelaida Negri no fue la excepción.

El tiempo me volvió a unir a ella, ofreciendo recitales junto a ENSAMBLE XXXII, un grupo de cámara que tuvo el privilegio de contar con su presencia en varias oportunidades y con quien Adelaida ofreció sus últimas presentaciones. Una vez más, ella hizo mágicos aquellos momentos. Volví a ensayar y a tocar en La Casa de la Ópera, en su sede de la calle Samperio en el barrio de Barracas. Nuevamente estuve en esa casa donde transcurrió parte de la vida de la familia Negri y donde posteriormente, en la sala Verdi transformada en espacio de tertulias pasaron durante tantos años innumerables cantantes, directores, músicos, benefactores, periodistas, críticos y amantes de la lírica.

Con solo pensarlo, puedo reunir una enorme cantidad de imágenes de todo lo vivido tras aquellas paredes. La elegancia del lugar, los alfombrados, el mármol y sus esculturas, la madera de los pisos, las paredes repletas de distinciones, un candelabro sobre el piano de cola, las fotografías junto a las grandes figuras de la lírica mundial en tantos escenarios famosos y hasta los pocillos de café y el sabor de las tortas que la misma Adelaida preparaba para agasajar a los artistas al momento del intervalo de ensayo.

En este Agosto de 2020 y para ser más precisos el día 17, se cumplirá el primer año de que Adelaida nos dejara para siempre la belleza de su voz y su esencia artística.

Para los que tuvimos la oportunidad de estar cerca de ella y compartir la escena, será una nueva oportunidad para recordar y agradecer su compromiso con el arte, y sus innumerables ejemplos de nobleza, bondad, perseverancia, sacrificio, generosidad, voluntad y respeto.

Hugo René Sanz

Músico – Contrabajista

Foto de arriba:

-Adelaida Negri en Casa de la Opera en su 20° aniversario.

Fotos La Gaceta del Retiro