12 abril, 2024
Cultura

Juan de Dios Filiberto, el compositor de La Boca

 

“Fue el más grande compositor de la canción popular argentina. Su música, combatida por colegas, críticos y demás, es una verdadera poesía de nuestro arte menor, alcanzando fama universal diversas obras suyas; las de otros autores más ambiciosos no la lograron ni medianamente. Su nombre está ligado a lo más sublime de la música nacional”. Así define el historiador del tango Orlando del Greco a Juan de Dios Filiberto, célebre músico del 2×4, compositor, pianista, guitarrista, armonista y director de orquesta. Es el autor de tangos emblemáticos como Caminito, Quejas de bandoneón, El pañuelito, Malevaje y Clavel del aire. El 8 de marzo se cumplieron 139 años de su nacimiento.

A su música se la llamó “canción porteña” y ésta devino del barrio en el que nació, se crió y vivió toda su vida: La Boca. Como expresa otro destacado historiador del tango, Néstor Pinsón, “muchos de sus temas, pese a tener en el pentagrama la notación tanguera, resultaban al escucharlos una estilizada fusión con aires folklóricos. Su música fue un género nuevo, netamente porteño, que sumó al suburbio con el campo”.

Juan de Dios Filiberto nació con el nombre de Oscar Juan de Dios Filiberti en una casa sencilla ubicada en Necochea al 200, en el barrio de La Boca, el 8 de marzo de 1885. Era hijo de Juan Filiberti –de origen genovés- y de Francisca Rubaglio, nieta del brigadier Martín Rodríguez e integrante de la nación ranquel. A fines de siglo su padre regenteaba dos locales bailables en La Boca. Filiberto cursó la enseñanza primaria en diferentes escuelas: la Almirante Brown, el colegio salesiano de San Juan Evangelista, el colegio Árgaño. Recio y tosco, por sus trece o catorce años era temido y respetado entre los muchachos de su edad, era el pesado, el guapo, el peleador. Leía mucho, quería cultivarse, quería saber.

Dejó la escuela a los nueve años, su mala conducta le impidió continuar. A partir de ese momento comenzó su largo desfile por oficios diversos: fue calderero, lustrador de zapatos, ayudante de confitero, cadete de escribanía, tornero, mandadero de una agencia de lotería, vendedor callejero, aprendiz de albañil -el oficio de su padre- y, a ratos, estibador o carrero. En 1899 estabilizó su trabajo como mecánico, y desde 1904 hasta 1910, integró los talleres navales de la empresa Mihanovich. Siendo estibador ingresó al sindicato, adhirió a las ideas del anarquismo y participó en las huelgas portuarias de 1907. En su adolescencia fue bailarín de tango cuando en los tablados del barrio se desempeñaba como actor vocacional, interpretando, entre otros, los dramas Ley de herencia y Juan José.

Por ese entonces ya había incursionado por los caminos de la música, actuando en cafetines, tocando de oído, primero una armónica, y luego una guitarra que sustrajo a cierto marinero inglés y con la cual conformó un conjunto boquense con otros once guitarristas llamado Orfeón Los del Futuro. Su interés por la música lo llevó a buscar trabajo en el Teatro Colón, al que ingresó como ayudante de maquinista. Allí oyó por primera vez la novena sinfonía de Ludwig van Beethoven, al cual desde entonces consideró su “Dios musical”.

A los 25 años comenzó sus estudios musicales. Su primer maestro fue el profesor Héctor Polzinetti. Se formó con Celestino Piaggio y César Stiatessi en solfeo, piano y violín. Luego tomó clases de armonía con Torcuato Rodríguez Castro e ingresó, más tarde, al Conservatorio de Música de Buenos Aires, dirigido en ese entonces por Alberto Williams. Allí se perfeccionó en piano y contrapunto bajo la atenta mirada del maestro Eduardo Fornarini y del mismo Williams. Así empezó a ganarse la vida dando clases y tocando el violín en pequeños conjuntos de fugaz actuación en su barrio y en un cuarteto de cámara.

Por razones de salud y aconsejado por José Ingenieros, su médico y amigo, por un breve tiempo se radicó en la ciudad mendocina de Guaymallén.  El nombre de aquella ciudad le dio título a su primera composición -un tango-, creado en 1915 en homenaje a un grupo de artistas amigos. Con Benito Quinquela Martín, su hermano de alma y de bohemia, llevó el tango a las arenas de Mar del Plata con su armonio en el verano de 1927 y, al año siguiente, a la universidad, matizando las conferencias de Enrique González Tuñón.

Recién tuvo orquesta propia en 1932 y la llamó Orquesta Porteña, agregando a los habituales instrumentos tangueros, el clarinete, la flauta y el armonio. Esta orquesta –que debutó en el Teatro Porteño- fue parte del elenco de nuestra primera película comercial sonora, ¡Tango! (1933), de Luis Moglia Barth. Los cantantes de su orquesta fueron Patrocinio Díaz y Jorge Alonso. En esa época se presentó en las emisoras Excelsior, Splendid y Belgrano.

En 1938 fue designado director de la recién creada Orquesta Popular Municipal de Arte Folklórico, financiada por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, manteniéndose al frente de la misma hasta su muerte, luego de sucesivos cambios de nombre. En 1973 fue bautizada en su honor como Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto.

Se estima en más de setenta los temas creados por Filiberto. Luego de su primera obra, el tango Guaymallén, compuso Se recomienda solo, De mi tierra, La vengadora, De mil amores, El último mate, Cura segura, Que me la traigan, El musicante, Suelo argentino y Saturnia, tangos que no alcanzaron mayor trascendencia. En 1919 se consagró con la publicación del clásico Quejas de bandoneón, dedicado al compositor, bandoneonista y director de orquesta Augusto Berto. Al año siguiente comenzó su serie de tango-canciones con El pañuelito, suceso al que siguieron El besito, El ramito, La cartita, La Vuelta de Rocha, Caminito, La tacuarita (zamba), todos con versos de Gabino Coria Peñaloza; Langosta, Yo te bendigo, Mentías, Amigazo, Ladrillo, Compañero, Cuando llora la milonga, Clavel del aire y Malevaje, éste último con letra de Enrique Santos Discépolo, todos ellos grabados por Carlos Gardel.

La casa en la que vivió Filiberto.

El clásico Caminito –que alude a un pintoresco pasaje de La Boca visitado masivamente por los turistas extranjeros- se estrenó en 1926, cuando logró el primer premio en un concurso de tangos organizado por la Sociedad Rural Argentina. Increíblemente, el público asistente resistió el fallo. Se oyeron silbidos y abucheos. Sin embargo, con el paso del tiempo esta bella composición musical se tomaría revancha y se convertiría en inmortal.

Asimismo, Filiberto compuso el simpático y ocurrente Comadre, tango con letra de Celedonio Flores, los valses María y Amor que muere, el triste campero Recuerdo criollo, la zamba Ay zamba, el gato ChúcaroLinyera, que obtuvo el primer premio en un concurso de tangos de 1931. Su último éxito fue el tango La canción (1959), con letra de Lito Bayardo.

Además, musicalizó el sainete Villa Crespo, de Alberto Vacarezza, -que se representó en el Teatro Cómico, actual Lola Membrives- con la ranchera La charlatana y el tango Botines viejos, y la comedia musical Se acabó lo que se daba, del autor cordobés Tomás Allende Iragorri. Entre 1932 y 1936 grabó veinticinco temas para el sello Odeon, y entre 1941 y 1959, veinte temas más para la compañía RCA Victor, casi todos ellos instrumentales.

Filiberto demostró gran preocupación por defender los derechos de propiedad intelectual de los músicos, siendo socio fundador de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (SADAIC) en 1936. Se casó con Catalina Mc Namara y fue padre de dos hijos: Nahuel Facundo y Queranda.

El notable músico falleció en su casa de la calle Magallanes 1140, en La Boca, en la cual residía desde 1932 y cuyo frente había sido pintado por Quinquela Martín, el 11 de noviembre de 1964. Tenía 79 años.

“El único gran factor para la música es tener sentimentalismo innato. Mi música es muchas cosas juntas, pero sobre todo sentimiento. Para mí la técnica es un medio y no un fin en sí misma. Las técnicas se aprenden pero el fuego sagrado nos tiene que salir de adentro”. Elocuentes y conmovedoras palabras de Filiberto, nominado por algunos entendidos como “el Mozart de La Boca”.

Laura Brosio

 

Foto de Arriba: Juan de Dios Filiberto.