Un sueño sin interrupciones asegura bienestar al día siguiente

– Por Cistina Gozzi –

Poder conciliar el sueño de forma rápida y tener un buen descanso, a veces, se torna dificultoso. Como dormir mal equivale a estar cansado al otro día y a sufrir las consecuencias, es aconsejable tomar los recaudos para que esa circunstancia desaparezca cuanto antes.

Dormimos un tercio de nuestra vida. Aunque parezca tiempo perdido, no lo es. Si bien se ha acumulado mucha información sobre la fisiología y la bioquímica del sueño, los expertos admiten que no se conoce con exactitud cuál es su función. Hay  muchas teorías que tratan de explicar por qué el sueño es necesario para el funcionamiento normal del organismo. Las más aceptables giran en torno de que cumple una función restauradora, que por un lado conserva la energía y regula la temperatura del cuerpo para que al día siguiente podamos tener un grado de atención y actividad satisfactorios; y por el otro, consolida y mantiene la memoria.

   A pesar de que estamos diseñados para cansarnos y recuperar fuerzas a la noche, a veces,  eso no es algo tan simple. Diversas situaciones estresantes de la vida pueden, involuntariamente, interrumpir el dormir por períodos más o menos prolongados. Entonces, aparece el insomnio, el trastorno del sueño más común, una circunstancia que impide que el cuerpo se recupere como es debido. Y luego sufrimos las consecuencias. “No dormir bien puede ser causa de somnolencia diurna, baja concentración laboral, incapacidad para sentirse activo durante el día y hasta provocar desorientación espacial. Además, predispone para los accidentes, tanto de tránsito como laborales” aseguran los especialistas de la Clínica del Sueño del Hospital Universitario Austral en un brochure titulado Sueño, salud y sociedad entregado a un grupo de periodistas en oportunidad de una conferencia sobre el tema.

   Reconocen que son infinitas las causas que provocan insomnio: condiciones inadecuadas del hábitat, cenas copiosas, preocupaciones familiares, sexuales, laborales y económicas, además de la ansiedad u otros problemas de salud. Se acusa tanto al estrés como a la depresión, así como a una elevada activación del organismo. Pero cualquier causa generadora de intranquilidad, sea temporal o crónica, puede provocar insomnio, un síntoma de que algo está pasando.

   Destacan que un trastorno del sueño frecuente es la apnea, en el que una persona hace una o más pausas en la respiración o tiene respiraciones superficiales durante el sueño. Las pausas pueden durar entre unos pocos segundos y en casos graves, más de un minuto. A menudo ocurren entre 5 y 30 veces o más por hora. “Por lo general, la respiración vuelve a la normalidad, a veces con un ronquido fuerte o con un sonido parecido al que una persona hace cuando se atraganta. Este trastorno es una de las principales razones por las cuales una persona puede sentir mucho sueño durante el día. El tipo más común es la apnea obstructiva. Si las vías respiratorias están total o parcialmente bloqueadas durante el sueño, no entra suficiente aire a los pulmones y eso puede provocar ronquidos fuertes y  una disminución de las concentraciones de oxígeno en la sangre. Y si se sostiene en el tiempo, puede provocar hipertensión arterial y  enfermedad cardiovascular”, sostienen.

   Afirman que hay que tener en cuenta, también,  la influencia de la tecnología en nuestras vidas. Se estima que antes del invento de la lámpara eléctrica por Edison, el hombre dormía unas tres horas más que en la actualidad. “El desarrollo de la electro-iluminiscencia a partir del diodo emisor de luz (light-emitting-diode o LED, por sus siglas en inglés), indispensable para obtener dispositivos que produzcan luz blanca a bajo costo, ha conducido a que hoy iluminemos nuestra noche con una luz rica en el azul, que es la porción del espectro que más inhibe la secreción de melatonina, la señal que cada día abre las puertas de nuestro sueño. Por eso, las iluminadas pantallas de monitores en la noche alteran nuestro sueño. Se ha verificado que el leer de una pantalla antes de dormir es mucho más perturbador del sueño que la lectura de un libro convencional, y que la luz de un smartphone tiene el mismo efecto tanto en adultos como en niños y adolescentes”, advierten los expertos.

   Muchas veces, cambios del estilo de vida, como dormir de costado, evitar el alcohol, el café y los sedantes, “cenar como un mendigo” y bajar de peso pueden mejorar la situación. Otras personas pueden requerir de aparatos o prótesis bucales especialmente diseñadas para tratar ese problema, o de una cirugía correctiva simple como la de las amígdalas o el tabique nasal. Para las apneas moderadas y severas, se recomienda el uso de una máscara nasal conectada a un aparato que envía aire a presión. Ese sistema de tratamiento conocido como  presión positiva de aire continua o CPAP (por sus siglas en inglés)  provee aire a presión a través de una máscara que se coloca en la nariz unida a un pequeño compresor que impide que se cierre la vía aérea mientras la persona duerme. Como la presión necesaria para corregir una apnea varía de persona a  persona, en este caso se impone la supervisión de un especialista.