Turner: Luz y Niebla

Por Marcela Davidson

Desde el 25 de septiembre está abierta en el Museo Nacional de Bellas Artes una exposición de acuarelas del gran artista inglés William Turner (1775-1851).

Sobre él dijo Oscar Wilde: “Before Turner there was no fog at London” (Antes de Turner, no había niebla en Londres). Wilde logra en su observación destacar al pintor británico por su creación, al cambiar el paradigma del arte y no sólo inspirar a los artistas impresionistas, sino también permitir explorar nuevos lenguajes visuales y poder expresarlos.

La luz romántica, la luz de Turner. Así transcurre la realización de una vida de artista. La Luz y la Niebla frente a la vista de un chico que tempranamente supo lo que quería, dibujar y pintar. Separado de su madre, a quien una enfermedad mental le impidió la crianza de su hijo, creció bajo la guardia de un padre que lo alentó con certera intuición en su don como artista.  

Turner dibujó, pintó, exhibió y viajó por Europa ininterrumpidamente. Obtuvo reconocimiento por su obra y pudo continuar viviendo con buenos recursos económicos durante toda su vida. Es que llegó a obtener una pequeña fortuna, y la dejó en su herencia destinada a los artistas desmoronados. Fue un hombre que pudo sentir compasión, conoció el dolor y lo transmutó en tormentas marinas, en brumas, en nieblas.

La temática que lo atraía era la propia naturaleza, paisajes, mar, tormentas. La luz en sus distintos momentos del día la iba recreando con sus pinturas. Como el agua para sus acuarelas también fluían sus ánimos de artista. Su mente estaba en continua actividad para la producción artística.

Los esfumados y veladuras en óleo y las transparencias en húmedo sobre húmedo de sus acuarelas; los sienas y tierras sombras, ocres y azules, amarillos y naranjas, algún rojo, es la paleta de colores que predomina en sus pinturas. El agua “acuarelada” de color con la carga emotiva de un romántico que se deja perder en su condición de mortal en paisajes en los que el hombre y la mujer son casi imperceptibles, como también los animales. La niebla, gotas de lluvia evaporadas que generan un acceso visual difuso frente a la realidad que se nos presenta.

Turner experimentaba sintetizando y renunciando al estilo clásico. Iba dejando evidencia de una nueva época en el arte y en la historia de la humanidad.  La trama social del siglo diecinueve le permite como artista ser reconocido, especialmente alentando al público en la pluma de un joven crítico: John Ruskin, quien fascinado por su arte lo promocionaba gratuitamente.

En el Museo de Bellas Artes  se exhiben 85 acuarelas de las 30.000 obras sobre papel que pertenecen al Museo Británico. Como él, artistas que tienen una vida rica en actividad pueden experimentar con este legado un estado interior de insondable expansión anímica.

Debemos agradecer al director del Museo Nacional de Bellas Artes, Andrés Duprat, por la gestión realizada para tener en nuestro país la oportunidad de ver y apreciar la obra maestra de este artista que estará aquí expuesta hasta el 19 de febrero del año próximo.

FOTO: Turner: Folkestone desde el mar (1824) integra la muestra en el MNBA.