Confitería del Molino: abrirá para La Noche de los Museos

Un auténtico ícono porteño está en proceso de recuperar su antiguo esplendor. Nos referimos a la restauración de la Confitería del Molino, que comenzó en agosto en el marco de la Ley 27.009 aprobada en 2014. Esta norma estableció la expropiación del edificio y su traspaso al Poder Legislativo, que se produjo en enero. Si bien la remodelación aún no finalizó, la buena noticia es que la confitería se abrirá al público el 10 de noviembre para La Noche de los Museos. Se podrán visitar sus salones interiores. 

En cuanto a su puesta en valor, se constituyó la Comisión Bicameral Administradora del Edificio de El Molino, presidida por el diputado Daniel Filmus, para supervisar las obras. Asimismo, se suscribió un convenio entre la Cámara Baja, el Ministerio del Interior y el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad, que estipuló un marco para definir los trabajos. Este documento –que tiene una vigencia de cinco años- compromete a las partes a trabajar en conjunto. Resta completar el estudio técnico de la fachada y del interior para poder elaborar el presupuesto y decidir qué cantidad de capital aportará cada jurisdicción. La idea es tener próximamente el programa maestro que permita plantear una agenda para la recuperación integral. Recordemos que el Estado Nacional compró el inmueble en marzo de 2017 a un costo de casi 182 millones de pesos.

Las obras forman parte de la renovación total de la “Manzana Legislativa” -delimitada por las calles Callao, Bartolomé Mitre, Combate de los Pozos y Rivadavia- a cargo del Plan Rector de Intervenciones Edilicias del Congreso (PRIE).

La confitería, situada en la esquina de Rivadavia y Callao, justo enfrente del Congreso de la Nación, fue inaugurada el 9 de julio de 1916 para los festejos del centenario de la Independencia y cerró sus puertas en 1997. Durante décadas fue lugar de reunión obligado de los políticos, intelectuales y artistas más renombrados del país. Esta construcción emblemática tiene un enorme valor a nivel arquitectónico, histórico y cultural. El edificio, construido en 1916 por el arquitecto italiano Francisco Gianotti, consta de 6.900 m² y es una obra fundamental del Art Nouveau de esta ciudad.

Declarado Monumento Histórico Nacional paradójicamente en el mismo año de su cierre, el inmueble consta de planta baja, cinco pisos, azotea y tres subsuelos. La confitería se encontraba en la planta baja y el primer piso. En el primer subsuelo estaba el área de elaboración de pastelería, productos de confitería y el molino harinero, y en el segundo,   las cisternas, la sala de máquinas y el mantenimiento. Los pisos del segundo al quinto tienen dos alas, una sobre la Avenida Rivadavia y otra sobre Callao, con doce departamentos.

Producto de vandalizaciones, usurpaciones y dos décadas de abandono, el deterioro sufrido por el edificio es muy grande. Antes de comenzar la restauración, hubo que desalojar a los ocupantes de algunos de sus ambientes y tapiar las ventanas para que nadie pueda volver a entrar. Quienes ingresaron al lugar se encontraron con un panorama desolador: techos y paredes descascarados por la humedad, falta de sanitarios, herrajes y apliques, mampostería en peligro de derrumbe y el tercer subsuelo completamente inundado.

El equipo de treinta expertos en restauración de edificios patrimoniales comenzó la titánica tarea de puesta en valor del edificio con la limpieza de muros y el relevamiento del estado de la carpintería en la confitería y los salones del primer piso. El plantel está conformado por once arquitectos y técnicos, y 19 jóvenes restauradores, que son estudiantes de arquitectura y restauración seleccionados para este trabajo. La labor en las fachadas fue encarada por el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad. También se firmó un convenio con la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y otro con la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires para trabajar sobre los daños estructurales y la recuperación patrimonial.

El secretario administrativo de la comisión bicameral, Ricardo Angelucci, informó a fines de septiembre que se avanzó en las tareas de apuntalamiento definitivo del subsuelo en coordinación con la Subsecretaría de Emergencia de la Ciudad. Ahora comenzará la etapa de la recuperación interna del edificio. El equipo de restauradores ya evaluó el 90 por ciento del inmueble y completó el 70 por ciento de la limpieza del mismo, para continuar con el relevamiento general de los materiales que componen la construcción.

De acuerdo a la citada ley, una vez restaurado el edificio, la planta baja y el subsuelo deberán ser concesionados para que funcionen una confitería, un restaurante o un local de elaboración de productos de panadería o pastelería. Del dinero que aporte esa concesión saldrá el presupuesto para solventar el mantenimiento y la gestión del edificio. En cuanto al resto del inmueble, los planes son la creación de un museo dedicado a la historia del lugar y el Centro Cultural de las Aspas, en homenaje al ornamento que le dio nombre a la tradicional confitería. Los pisos superiores “deberán consagrarse a actividades culturales, legislativas y de difusión de los valores del pluralismo y de la democracia”. En relación a los doce departamentos que forman parte del conjunto edilicio, aún no está definido cuál será su uso. La idea es no vender las unidades.

A partir de esta restauración, se rescata a la Confitería del Molino de la dejadez y la desidia que sufrió en los últimos veinte años. Esta joya arquitectónica, histórica y cultural va a volver a vivir, tendrá su segunda oportunidad para resplandecer y recibir con sus puertas abiertas a los numerosos visitantes en las inmediaciones del Congreso.

Laura Brosio

FOTO:

La Confitería del Molino está siendo restaurada