La Plaza San Martín núcleo del barrio de Retiro (Nota 4)

– Por Josefina del Solar –

Con esta nota concluimos una resumida historia de la Plaza San Martín que hemos estado publicando en esta página.

El siglo XX

El inicio del que sería a nivel mundial el siglo del auge tecnológico y de las dos grandes guerras mundiales, encuentra a Buenos Aires en plena expansión. Y para 1910 se aspira a celebrar significativamente aquí el Centenario de la Revolución de Mayo.

La cercanía del gran aniversario lleva a una serie de reformas en la Ciudad que por supuesto se exterioriza también en la Plaza que nos ocupa. En primer lugar se reformó el monumento a San Martín, al que se le dio un nuevo basamento, el mismo que luce hasta la actualidad, obra del escultor alemán Gustavo Eberlein.

En el entorno, en 1909 se levanta el Plaza Hotel -el primero de gran categoría internacional con que contará la Ciudad- y algunas de las más importantes edificaciones que serán características del barrio.

La tendencia en la edificación se consolida luego del Centenario, de modo que nuestro caracterizado espacio público se vio rodeado de joyas arquitectónicas tales como el Palacio Anchorena (actual Palacio San Martín), el Palacio Paz (actual sede del Círculo Militar), o la residencia Ortiz Basualdo, por mencionar los más significativos y cercanos a la Plaza. Claro que eso va a cambiar ya en la década del ’30, cuando la crisis económica internacional también llega a la Argentina, influyendo entre otras cosas en el tipo de construcciones que se realizan, y sobre todo en la propiedad de las grandes mansiones existentes, que son vendidas y pasan a manos del Estado en la mayoría de los casos.

En la Plaza, por esa misma década, se van a hacer algunas reformas importantes. Lo primero, demoler las construcciones que se encontraban al pie de la barranca, lo que permite que se extienda la superficie de la Plaza hacia el bajo. En la oportunidad se sacó el Pabellón Argentino que estaba en lo alto de la barranca, como ya hemos señalado, pasando así ese espacio a integrar el paseo público que nos ocupa. Frente a la Plaza, por Florida al 1000 se construye por la misma época un edificio singular, en estilo y características: el Kavanagh. Inaugurado en 1936, este fue el primero en su tipo, el más elevado de Buenos Aires durante bastante tiempo, y hasta hoy un verdadero emblema del barrio y de la Ciudad.

La Plaza San Martín quedó así ampliada y unificada, hasta que en 1950, año en el que se conmemoró el centenario de la muerte del General San Martín, se abre la avenida Santa Fe hacia Maipú, dividiendo en dos partes la Plaza. Hubo posteriormente gestiones para reunificarla que no prosperaron. Hace un tiempo se cerró esa prolongación de Santa Fe hacia el bajo pero sin la reunificación de la Plaza, ya que simplemente se peatonalizó el sector.

Otro dato a apuntar sobre la Plaza es que en 1990 se erigió al pie de la barranca, mirando hacia la avenida Leandro N, Alem, un cenotafio que recuerda a quienes dieron su vida en la guerra de Malvinas librada en 1982.

Lo apuntado hasta aquí seguramente es sólo un esquema simple de lo que ha sido la evolución física de la Plaza San Martín y de lo que ha significado como núcleo del barrio de Retiro. Se trata aún hoy de un hermoso paseo, con algunas esculturas entre las que sobresale la del monumento a San Martín y todas las que forman parte de su basamento, como también Le Doute (la duda), cercana al monumento y realizada en mármol por Charles Henri Joseph Cordier. Varias más que formaban parte de su paisaje ya no están. Algunas porque fueron sustraídas, una modalidad delictiva de auge en los últimos años que privó a la Plaza de obras como El chico y la gallina de Nicolás Gulli, o Grupo infantil, de Rafaele Viviani. Debido a esto, la escultura L’Aquaiolo de Vicente Gemito, fue trasladada al Botánico para preservarla precisamente de ser sustraída. Y otra escultura, que mostraba a una mujer sacando agua de una fuente y que fuera donación de la colectividad catalana, tampoco está más porque fue trasladada a una plaza del barrio de Caballito.

Estos hechos que estamos señalando, forman parte de nuevas realidades que tocan a la Ciudad y sus espacios públicos. Es que hoy en día la Plaza San Martín ya no es sólo un lugar de paseo y esparcimiento, cantado por poetas como Jorge Luis Borges o Baldomero Fernández Moreno, donde se puede respirar el perfume de sus plantas o admirar los jacarandás en flor. El ritmo de la vida actual y la aparición de nuevas realidades urbanas y sociales han cambiado muchas cosas. Este espacio se ha convertido ya en un lugar de tránsito de personas muy intenso, por varios factores. En primer lugar el gran movimiento que se da en las estaciones cercanas del ferrocarril y el verdadero nudo de transportes que es ese sector; luego la presencia del predio lindero de Catalinas con sus torres, centro de la vida empresarial de la Ciudad; y el hecho de que la zona de Retiro, si bien sigue teniendo sectores muy residenciales, se ha poblado en los últimos años de oficinas, grandes hoteles y empresas que producen una gran actividad, sobre todo los días de semana. En tal sentido, empleados que hacen un alto para almorzar recostados en las barrancas de la Plaza, o personas que utilizan como sucedáneo de las playas esos mismos lugares en días soleados son hoy imágenes frecuentes. Y hay también otras realidades urbanas, como hemos señalado, que actualmente afectan la fisonomía y el consecuente disfrute de ese lugar único en la Ciudad.

Sobre esto conviene recordar aquí también que la que hemos reseñado en lo esencial, no es una plaza más de esta Ciudad. Junto con la Plaza de Mayo, y desde la misma fecha -9 de junio de 1942- comparte la jerarquía de Lugar histórico Nacional, lo que obliga a que su ámbito, destinado a homenajear la figura del General San Martín, sea preservado como tal.

FOTO: El monumento a San Martin es sin dudas el símbolo de la Plaza, al que vemos de noche en esta fotografía (AGN).