La Plaza San Martín, núcleo del barrio de Retiro (Nota 3)

– Por Josefina del Solar –

Es ésta una resumida historia de la Plaza San Martín que estamos publicando en esta página, poniendo de relieve los datos esenciales de su evolución en las distintas etapas históricas como núcleo central del barrio de Retiro.

De Caseros al Centenario

Luego de la batalla de Caseros en la que es derrotado Juan Manuel de Rosas en 1852, va a comenzar un período de modernización, observable en el crecimiento notable de Buenos Aires, que a la vez puede ejemplificarse, a modo de muestrario como ya dijimos, en el ámbito de nuestra Plaza San Martín y sus alrededores.

La modernización de Buenos Aires tiene que ver fundamentalmente con la inserción de la Argentina con sus productos en el comercio internacional, lo que implica a la vez la puesta en marcha de un modelo de país que encuentra en esos momentos las condiciones propicias y los hombres decididos a llevarlo a cabo.

En ese contexto Buenos Aires va a dejar de lado definitivamente los rasgos físicos de comienzos del siglo XIX para ir incorporando elementos urbanísticos propios de las grandes ciudades. Aparecen así nuevas formas de transporte, cambia el sistema de iluminación en la vía pública, de instalan nuevos tipos de comercios e industrias, se da un aumento en el número de construcciones y varían los estilos arquitectónicos, aparecen nuevas formas de entretenimiento, y hay un crecimiento poblacional importante debido al aporte de la gran inmigración europea que comienza a venir masivamente hacia este territorio, todo lo cual va a estar presente de alguna manera en la Plaza San Martín y su entorno inmediato.

Surge así también la necesidad de contar con espacios públicos más adecuados para esa ciudad en crecimiento, de modo que en 1856 se decide realizar una serie de mejoras el que era todavía el Campo de Marte, a fin de transformarlo en un lugar de paseo más ameno y confortable.

Uno de los aspectos principales de las reformas fue separar calle de por medio los cuarteles del paseo propiamente dicho, que se transformó así en una plaza. Se la rodeó de rejas, ubicando la entrada principal por la calle Esmeralda, y al mismo tiempo se realizó el primer trabajo importante en materia de parquización, colocando árboles y plantas. Se decide también dejar un espacio central para emplazar la que sería la primera estatua ecuestre de Buenos Aires, la del General José de San Martín, cuya realización se encargó al escultor francés Louis-Joseph Daumas, siendo inaugurada el 13 de julio de 1862. Tenía entonces un basamento bastante sencillo, que será reemplazado en 1910, para el Centenario de la Revolución de Mayo, por el que luce actualmente, obra del escultor alemán Gustavo Eberlein.

En 1878 la plaza va a ser denominada Plaza San Martín, en homenaje al centenario del nacimiento del Libertador y desde luego en reconocimiento a la importancia que el lugar tuvo en los comienzos de la gesta sanmartiniana. En la Plaza se reciben en 1880 desde  Francia los restos de San Martín, en un paso previo a su traslado a la Catedral de Buenos Aires. Se realizó allí una imponente ceremonia que contó como orador principal a Nicolás Avellaneda.

Respecto a los cuarteles, en 1864 sufren una gran explosión, originada en los depósitos de pólvora, que destruye parte de la edificación y deja una cincuentena de víctimas entre los soldados. El edificio va a ser reconstruido unos cuantos años después, con reformas, hasta que los cambios ocurridos en la zona hacen inconveniente ya la presencia de cuarteles, por lo que son demolidos en 1891.

En relación a los cambios en la iluminación pública mencionados más arriba, uno de los primeros experimentos de alumbrado eléctrico -toda una novedad para esos años- se realizó  precisamente en el predio de la Plaza San Martín. Fue en el “Panorama de Retiro”, un lugar de entretenimientos en el que se hacían juegos con luces y que funcionó en 1885 y por espacio de unos meses en Arenales y Florida.

En tanto el avance de la modernidad en la creciente Buenos Aires tuvo una expresión bien clara en los cambios en el transporte. En ese sentido mencionemos que la segunda de las líneas de tranvías a caballo que circuló por la Ciudad pasaba a un costado de la Plaza, por el Paseo de Julio hasta la primitiva estación Retiro del ferrocarril, inaugurada en 1862 y también un verdadero símbolo del progreso por esa época.

Otro aspecto importante del crecimiento y modernización de la Ciudad expresados en el magnífico espacio urbano que estamos analizando, tuvo que ver con la arquitectura que va surgiendo a su alrededor. A partir de los años ’70 del siglo XIX  se produce el desplazamiento hacia el norte de la Ciudad de las familias de los sectores más altos, que van a edificar sus residencias de líneas europeas, particularmente francesas, muy cerca de la que para entonces ya era la Plaza San Martín. Así, principalmente para la época del Centenario de la Revolución de Mayo, vemos una cantidad de palacios diseñados por arquitectos europeos y construidos con los mejores materiales también de esa procedencia, que forman un marco de excepcional calidad arquitectónica en torno a la Plaza. Algunos de ellos han desaparecido, víctimas también de la acelerada transformación urbana; pero todavía pueden ser admirados otros que desde la década del ’30 han sido vendidos por sus primitivos dueños al Estado para algún destino oficial. El Palacio San Martin como sede del Ministerio de Relaciones Exteriores es un ejemplo. Otros son el Palacio Paz –llamado Palacio Retiro por algunos años- que fuera propiedad de José C. Paz y hoy alberga al Círculo Militar y al Museo de Armas de la Nación; o el pequeño castillo ubicado en la manzana triangular de Santa Fe, Marcelo T. de Alvear y Maipú, que pertenece a la Administración de Parques Nacionales.

El país que crecía y aspiraba a ubicarse entre los grandes del mundo se mostraba orgulloso en su Capital, y eso puede verse claramente en la Plaza San Martín. En la Exposición Internacional de París de 1889, realizada para festejar el centenario de la Revolución Francesa, la Argentina va a estar presente con un magnífico pabellón –construido en acero y vidrio, con vitraux e importantes obras de arte en su interior- en el que exhibe sus productos. El Pabellón Argentino, obra del arquitecto francés Albert Ballu, se construyó desarmable, de modo de poder ser trasladado a Buenos Aires con posterioridad a la Exposición. Así se hizo, y en 1891 se lo instaló precisamente en un sector que hoy corresponde a la Plaza San Martín y que es aquel en el que estuvieron hasta entonces los cuarteles, es decir en la calle Arenales entre Maipú y Florida. Se pensó en utilizar el edificio como sala teatral y de conciertos. Finalmente va a ser sede del  Museo Nacional de Bellas Artes, adquiriendo en la época del Centenario un gran protagonismo, ya que allí se realizaron numerosos actos y festejos relacionados con la fecha. El Pabellón Argentino es desmontado en 1934 como consecuencia de una serie de reformas realizadas en la Plaza a las que ya nos referiremos.

La presencia hacia fines del siglo XIX del Pabellón coincidió con una notable tarea de parquización realizada por el ingeniero Carlos Thays, quien se ocupó también de varios espacios verdes de Buenos Aires -e incluso de interior del país- como por ejemplo el Jardín Botánico. La Plaza alberga actualmente más de 70 especies vegetales, entre ellas alguna poco común por estos lares, como es la Sequoia, y otras como tipas, gomeros o palos borrachos que conforman un patrimonio muy importante en materia de vegetación de un espacio público.

Casi al mismo tiempo en que se realiza esta parquización se sacan las rejas que tenía la Plaza y se la dota de un lago y una gruta, en consonancia con los gustos de la época, imperantes en Europa en esta materia e implementados aquí por el intendente Torcuato de Alvear, cuya gestión se extendió entre 1883 y 1887.

Hacia fines del siglo XIX y bajo el impulso del arrollador progreso de la edificación en la Ciudad, el sector ubicado al pie de la barranca que mira hacia el bajo se puebla de una serie de construcciones, dando lugar a una fisonomía que hoy, al mirar antiguas fotografías, nos resulta casi irreconocible.

Seguiremos con la evolución de la Plaza San Martín en la siguiente nota a publicarse en la próxima semana.

FOTO: La Plaza con su lago y ya separada de los cuarteles por un tramo de la calle Arenales, hacia 1888 aproximadamente. (Foto AGN)