Juegos Gestuales de Joan Miró

– Por Marcela Davidson

Miró trabajaba produciendo obra en abundancia. Pintura, escultura, grabado. Experimentando con papeles, mezclando técnicas, e incansablemente día tras día de su larga fugaz vida, hizo arte desde su instinto de supervivencia durante gran parte del siglo de las dos guerras mundiales. Poseído por una necesidad permanente de hacer obra, con el único propósito de darle valor al propio hecho de tener la capacidad física y espiritual para concederle un sentido humanista a una vida libre.

A los 80 años le respondió a un amigo que su intenso trabajo cotidiano era por la ventaja que su cuerpo le brindaba, siendo que podría en el futuro estar limitado al llegar a su vejez. Fue capaz de sostener siempre la frescura gestual que tienen los niños. Vemos en él ausencia de inhibiciones en su perseverancia por expresar utilizando todo tipo de herramienta, desde un delicado pincel a un cepillo enorme o brocha gorda, o simplemente caminando y manchando los lienzos con sus pasos. Su cuerpo cargado de energía se proyectaba al papel, al vidrio, la cerámica o cualquier soporte receptor de su voluntad para crear.

La manera de Joan Miró revela una personalidad distanciada de las convicciones consensuadas. Destacado por su familia y amistades como un ser sin pretensiones económicas, capaz de desafiar el mercantilismo de los marchantes incendiando lienzos mientras los ejecutaba. Ni siquiera comprendía el motivo de las desmedidas cotizaciones de sus trabajos. Su riqueza, como la mayoría de las veces en el artista, era la acción de crear y nunca la acumulación materialista. Focalizaba en la acción, en sus imágenes que como distintos juegos, tenían su momento. Así es como podemos, como espectadores, tener una noción de todos sus juegos pictóricos en los que fue organizando distintas composiciones y colores. Hubo en él juegos casi minimalistas, otros arrebatados de grafismos y líneas rítmicas orgánicas multiplicadas en los lienzos y papeles.

Artistas como Miró logran emocionarme más allá de su obra. La sobreproducción y focalización en la constante creación, denotan un amor por la vida, es la evidencia de saber valorar la fugaz larga vida. Pienso que los adultos capaces de regenerar durante su vida la energía propia de la niñez, son quienes nunca quedan paralizados por su edad. La capacidad de invención, la imaginación, la libertad, fueron modos lúdicos a lo largo de una vida sin desperdicio.

Actualmente en Buenos Aires, estamos invitados a contemplar algunos juegos creativos del arte de Joan Miró, realizados en las últimas dos décadas de su vida. La muestra “Miró: la experiencia de mirar” podrá verse en el Museo Nacional de Bellas Artes hasta el 25 de febrero.

“Miró focalizaba en la acción, en sus imágenes que como distintos juegos, tenían su momento”.