Con Juan Carlos Saravia se ha ido una figura esencial de la proyección folklórica argentina

La muerte de Juan Carlos Saravia, ocurrida el 17 de este mes de enero, además de la pena por la pérdida de una figura única en su género, trae consigo la reflexión sobre la importancia que han tenido Los Chalchaleros en el conjunto de la música popular argentina, y particularmente en la proyección folklórica de nuestro país.

Los Chalchaleros comenzaron a cantar en 1948 en la Ciudad de Salta, conformados inicialmente por dos dúos de muchachos, estudiantes todavía, que se unieron en un cuarteto sin saber seguramente que estaban iniciando una época del cancionero nacional. Y Juan Carlos Saravia fue parte de ese cuarteto desde el primer momento. Cantaron así durante varias décadas –el conjunto se disolvió en 2003, después de una extensa gira de despedida- atravesando con su estilo diversas etapas de la vida argentina. Hicieron conocer a los más importantes autores de la producción folklórica, y durante esos años llevaron su canto por todo el mundo.

Poco cambiaron a lo largo de su vida artística, salvo sus integrantes, que fueron renovándose a lo largo de esos años; a excepción de Juan Carlos Saravia que estuvo desde la primera formación hasta la última. Esa fidelidad a un estilo, más allá de preferencias y modas pasajeras, fue quizá una de las posibles explicaciones de una permanencia que se puede considerar excepcional. Por eso fueron, son y serán clásicos de nuestra música. Estuvieron en los gustos juveniles de toda una generación, especialmente a partir de la década del ’60 en la que hubo un florecimiento notable del género, al que ellos contribuyeron especialmente. Los Chalchaleros crearon el conjunto folklórico clásico de tres guitarras y un bombo, que tuvo después de ellos innumerables repeticiones y variantes. Pero su sencillez y calidad los hicieron únicos.

Hoy con la partida de Juan Carlos Saravia verdaderamente ya no están Los Chalchaleros. Pero han dejado un legado musical inmenso, en discos, en innumerables presentaciones, muchas de las cuales han quedado grabadas también, y en la enorme tarea de difusión de los grandes autores del género, como señalábamos. Y Saravia era no sólo la primera voz del conjunto sino su figura emblemática.

Como homenaje al chalchalero que acaba de partir por estos días, nada mejor que el poema que le dedicó la gran investigadora, escritora y poeta Olga Fernández Latour de Botas, y que transcribimos a continuación.

 

A don Juan Carlos Saravia

A don Juan Carlos Saravia

quiero rendir mi homenaje

porque supe que ha partido

hoy, para su último viaje.

 

Caballero por estirpe

y por carácter también,

artista que desde el alma

hizo al canto florecer.

 

Ya no ha de ser el que era

el arte criollo de Salta,

porque siempre pensaremos

que don Juan Carlos nos falta.

 

Nos dejó el gran don Juan Carlos

día 17 de enero

y está de luto el chalchal

pues partió el gran chalchalero.

 

Allá va el señor Saravia,

camino a la eterna luz.

Junto a María del Milagro

lo está esperando Jesús.

 

Y van nuestras oraciones

acompañando a su alma.

Elevarlas en su nombre

sentimos que nos da calma.

¡Adios! Juan Carlos Saravia,

caballero tan cumplido.

Si lo admiramos en vida

no hemos de echarlo al olvido.

Olga Fernández Latour de Botas.