El Informe Bialet Massé en fotografías

Durante los meses de diciembre y enero estará abierta una muestra de fotografías de trabajadores rurales en Argentina, que formaron parte del Informe Bialet Massé.

En el año 1904 apareció en Buenos Aires el Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior del país, una obra en tres volúmenes de Juan Bialet Massé. Fue éste un hombre multifacético, un emprendedor extraordinario. Nacido en 1846 en Mataró, Cataluña, se recibió de médico en la Universidad de Madrid. En 1873.ino a la Argentina, donde se radicó definitivamente. Aquí revalidó su título de médico en la Universidad de Córdoba, en la que también se recibió de abogado. Años después obtuvo también el título de ingeniero agrónomo. Se casó con una nieta de Narciso Laprida. Fue rector de varios colegios nacionales, profesor de medicina legal, creó una cátedra de legislación del trabajo, y publicó varias obras sobre medicina, entre otros logros académicos. Incursionó también en la actividad empresarial, y junto a  su socio Carlos Cassaffousth construyó el dique San Roque en la provincia de Córdoba.

Durante el segundo gobierno de Julio A. Roca, su Ministro del Interior Joaquín V. González encarga a Bialet Massé un informe sobre el estado de las clases obreras en la Argentina. Este estudio,  pionero por sus características, tenía el objetivo de servir de base para la elaboración de un proyecto de código laboral. Para realizarlo Bialet Massé recorrió las zonas rurales, visitó los lugares de trabajo: colonias, estancias, obrajes. Sobre esto, en la presentación del informe, explicaba cómo había trabajado:  

“Mi modo de proceder, en desempeño de esta comisión, ha sido el mismo que he empleado antes. Ver el trabajo en la fábrica, en el taller o en el campo, tomar los datos sobre él y después ir a buscar al obrero en su rancho o en el conventillo, sentir con él, ir a la fonda, a la pulpería, a las reuniones obreras, oírle sus quejas; pero también oír a los patrones y capataces”.  

En los ferrocarriles he pedido datos a los gerentes, he ido a los talleres, y al viajar en los trenes, me he bajado en cada estación, para ver el servicio, y donde lo he creído necesario he viajado en los trenes de carga, aprovechando las largas paradas en las estaciones. He penetrado en el toldo del indio y recorrido los puestos de las estancias.

Donde he podido y mis fuerzas o mis conocimientos han alcanzado, he tomado las herramientas y hecho el trabajo por mí mismo, para sentir las fatigas; así he entrado en las bodegas de los buques, he pasado un día y otro al lado de las trilladoras y tomado la guadaña para cortar alfalfa y hecho medio jornal sentado en la segadora, al rayo del sol, en mangas de camisa.

Bialet Massé brinda así en su Informe un panorama que quedará como un clásico de los estudios sociales en la Argentina, considerando las potencialidades que esta tierra brindaba a comienzos del siglo pasado; pero también señalando las duras condiciones en las que se ejercía el trabajo. Además expresa una gran defensa del trabajador criollo:

“Todos se han preocupado de preparar el terreno para recibir al inmigrante extranjero; nadie se ha preocupado de la colonia criolla, de la industria criolla, ni de ver que aquí se tenían elementos incomparables, y sólo después de observar que los patrones extranjeros preferían al obrero criollo, que los extranjeros más similares y fuertes no eran capaces de cortar tres tareas de caña en Tucumán, de arrancar un metro de mineral en Famatina, de estibar un buque en Colastiné, de horquillar en las trilladoras en la región del trigo…”

Durante diciembre y hasta fines de enero estará abierta una exposición que incluye una selección de fotografías que formaron parte del Informe Bialet Massé. Con investigación, producción y curaduría de Ignacio Giorgio y Mariela Staude,  la exposición presenta además cuatro ensayos fotográficos de Matías Sarlo, Andrés Larrovere, Paula Jiménez, Ilana Reck, Delia Ramírez y Luján Oliveira, quienes, un siglo después, volvieron sobre los pasos de Bialet Massé; y obras de sus dos bisnietas: el poema La Caja de Patricia Díaz Bialet -que publicamos a continuación- y  cuadernos de artista, de Alejandra Díaz Bialet.

Puede verse en el Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, lunes a viernes de 11 a 22; sábados  de 14 a 23, y domingos de 14 a 21.  

FOTOS:

  • La exposición incluye fotografías que formaron parte del informe
  • Juan Bialet Massé

LA CAJA

al hombre de pulcra víscera lunar:

mi bisabuelo Juan Bialet Massé

And cloystered in these living walls of Jet

John Donne

Si una gota de sangre descendiera por Helima por Juan Carlos hasta mí

arropándome el vacío que me unta el corazón en la mañana

o la feliz mediocridad con que clavo agujas en mi sueño.

Si una sola gota de sangre se elevara desde su polvo,

acariciara la sierra,

el pavimento,

el periplo vago de las cajas de misterio.

Porque hay hombres que en vez de huesos

han tenido pulcra víscera lunar.

Por eso mi orgullo aunque no participe de la fiesta.

Por eso mi saltar de rana en su reino.

Es que parte de mi estómago

de mi iris

de mi ademán de hembra dolorida

baila a la par del gen satisfecho

de los honestos dones en su cáliz.

Porque hay hombres que han sido ración de historia desmedida.

Por eso no nos valdremos hoy de los sarcófagos

ni de los abismales diques de mi infancia.

No nos representaremos con andar insignificante en Alta Gracia

o con parcial recuperación de olores paternos.

De nada sirve que aúllen los otros como extasiadas parturientas

porque hay hombres que permanecen,

que trascienden la tabla indómita que se les entrega al nacer.

Salta desde tu cuerpo una pulga

y ruge ante mí su gran fatalidad de mensajera.

Trae tu libro

tu barba hidalga y descansada

trae en su valija la frecuencia de familia que no tengo

-y pensemos cuán infinito sería lo que no se tuvo nunca

o cuán infinita sería la valija de sombra de piel de cordero que la pulga carga

                                                                                                                                    /pesadamente-.

(Se mira con ojo transparente cuando se encuentra la piel explotada,

la tierra vuelta prostituta de magnate,

el niño con su hacha a cuestas,

la mina diezmada en su sopor de hastío.

Se aprende a mirar con el ojo justo delante de la napa de agua indecente,

de los saqueos de todo excepto el alma,

del malevaje procaz que rige el circo del dinero.)

Clandestinamente llega el mensaje de esa pulga:

la cantidad exacta de coraje que se lega al descendiente

(porque –razonemos- qué se hereda cuando no hubo herencia

cuando el regalo fue la barcarola arrumbada

y la ira del mártir en su hospicio.)

Y entonces mi fuerza de ballena remedada me dicta el segmento justo en mi conciencia,

los ancestrales motivos de la cal que te decide

detrás de tu horno mágico

en donde se cuece el destino de las aguas.

Por eso mi apatía huye ferozmente

-reptil en llamas cubierto de alquitrán y plumas-.

Yo bostezo una parte de mi vida sobre tus huesos

y sobre esa ínfima ración de esponja púrpura que corre por Helima por Juan Carlos hasta 

                                                                                                                                        /mí                                                                                                                                                    

y entonces me enfrento con mi hastío

lo aguijoneo con lanza de veneno

lo guillotino en demasía

(así se hunde en ese flaco colchón que lo amamanta)

y cuando estoy ya bien despojada aguardo la señal

la privada caricia que no hubo

y sé que es una sinrazón este despertar de nuevo

este ansia que diezma que aplaca que sumerge en lodo mi pesado andar de mula

y humedezco mi labio con tu gota de sangre

-vampiresa de papel crepé-

y succiono lo que queda

y,

gracias,

te debo a vos

ser este pájaro resucitado.

                                                                                       Patricia Díaz Bialet

                                                                                       Del libro “Agualava”. Editorial Atuel