Después de 18 años, reabrió el Museo de Arte Oriental

Después de 18 años de permanecer cerrado, reabrió el Museo Nacional de Arte Oriental en el primer piso del Palacio Errázuriz Alvear, ubicado en Avenida del Libertador 1902. El museo fue creado en 1965 por impulso de un grupo de coleccionistas privados. En ese momento se decidió que se instalara en el citado edificio. El patrimonio del museo está compuesto por 3.000 piezas, que son donaciones de coleccionistas particulares así como regalos y donaciones de embajadas. Entre los coleccionistas se destaca el pianista y pedagogo José Torre Bertucci, quien donó nada menos que 1.904 objetos. La mayoría de las piezas proviene de China y Japón, aunque también las hay de otros países de Asia, Oceanía y África. En estos 18 años los intentos de darle una sede al museo resultaron vanos. De todas maneras, en ese período se realizaron exposiciones de sus piezas en otros espacios como el Palais de Glace y el Centro Cultural Coreano.

Comenzamos nuestro viaje por el arte oriental de la mano de la guía Carolina, integrante del equipo educativo del museo. La visita guiada consiste en el recorrido de dos salas. En la primera contemplamos la exhibición Oriente es imaginario mientras que en la segunda se encuentra la reserva visitable, es decir, parte de las pertenencias del museo que estuvieron guardadas durante muchos años y que representan culturas de otros lugares y otros tiempos.

La propuesta central de la citada exposición es hacernos reflexionar y repensar la percepción que tenemos sobre Oriente. Se trata de desprendernos de los prejuicios e intentar acercarnos hacia el otro lado del mundo. En la primera vitrina hay una pieza budista y el resto son hinduistas. Apreciamos la resplandeciente figura dorada de un Buda Amida con gesto de meditación, sentado sobre una flor de loto. El Buda Amida es el más grande de los dioses japoneses, protector de las almas mortales. El budismo surge en India en el siglo VI a. C. a partir de las enseñanzas del príncipe Siddharta Gautama, quien deja su vida palaciega y a través de la meditación alcanza un estado iluminado y se convierte en Buda. Es un sistema de creencias muy complejo que se difundió por distintas regiones de Asia. El Buda se empieza a representar en el siglo I de nuestra era. La forma típica de hacerlo es con una protuberancia en su cabeza, tres ojos, orejas largas –dan cuenta de su pasado palaciego por el uso de joyas-, ojos entrecerrados como signo de meditación y tres arrugas en el cuello.

Respecto a las figuras hinduistas, debe decirse que el hinduismo se origina en India en el siglo XV a. C. y se basa en la revelación de una única divinidad –Brahman- que es la fuente y el sostén de la vida, y que no puede ser representada en una sola imagen, concepto o idea. Esa divinidad se presenta a través de los dioses y las diosas que personifican su presencia en el mundo. Los principales aspectos de la divinidad son tres y se los denomina trimurti. Reflejan los tres estadios básicos de la vida: generación o nacimiento; conservación o existencia y transformación o muerte. Son los dioses Brahma (primer ser viviente, dios creador del Universo), Visnú (dios preservador) y Shiva (dios destructor del Universo, destruye y descompone las cosas para que éstas puedan nacer nuevamente) con sus respectivas consortes: Saráswati, Laxmi y Párvati. Así vimos imágenes de Brahma, Shiva, Rama, que es la personificación en la Tierra del dios Visnú; es el ideal del hombre que con su flecha pelea contra el mal. También observamos dos ejemplares de Saráswati -la diosa del saber, de la verdad, la educación, la cultura y todas las artes- con un instrumento musical en la mano. Contemplamos al dios Krishna, otro avatar del dios Visnú, que toca una flauta a través de la cual elimina el dolor, y al dios Ganesha (hijo de Shiva y Párvati), dios de los obstáculos que presenta la peculiaridad de tener cabeza de elefante.

En la segunda vitrina apreciamos unas muy refinadas y bonitas cajitas de marfil revestidas de laca, que eran usadas en Japón. La laca se extrae de la resina de un árbol que se purifica, se calienta y se revuelve para quitar el exceso de agua y obtener así una sustancia densa y pegajosa. Se utiliza como revestimiento, para darle terminación a objetos de diferentes materiales (madera, metal, cerámica, cuero, papel) y otorgarles resistencia y volverlos impermeables. Vimos un inro de laca, recipiente que consiste en distintas cajitas apiladas donde se guardaban las hierbas medicinales. Asimismo, observamos un gabinete para picnic, recipientes para tomar sake –bebida alcohólica a base de arroz- con tratamiento de laca y botellas contenedoras de sake.

Pasamos a la tercera vitrina donde pudimos ver las porcelanas Satsuma, objetos de una gran belleza. Las piezas Satsuma se originan en el siglo XVII y toman su nombre de la provincia del sur de la isla Kyushu (Japón). En esa región se encuentra el caolín, la arcilla blanca que se utiliza para hacer porcelana. Observamos hermosas teteras con recarga de dorado así como delicados jarrones convertidos en candelabros.

Luego nos trasladamos a la segunda sala donde se halla la reserva visitable. Pudimos apreciar un casco japonés –parte de una armadura- realizado en seda, acero, oro, tela, laca, cuero y bronce, y la figura de un guardián de templo de Japón del siglo XIX –casi en tamaño real- de esmalte, madera y laca. Observamos unos vasos japoneses de cerámica Satsuma, del Período Meiji (1868-1912) y un impresionante altar familiar japonés o Casa de Buda, de madera, laca, seda y metal, también del mencionado período. Asimismo nos impactó el gabinete japonés de estilo Kamakura y la cabeza camboyana de Buda, de hierro.  Nos encontramos con un busto de Han Hsiang Tzu, uno de los ocho sabios inmortales del taoísmo, realizado en bronce, madera y laca (China, 1368-1644). En uno de los cajones apreciamos unos vistosos y coloridos abanicos chinos del siglo XIX, de papel, madera, seda, plata, marfil y laca. Además, contemplamos un incensario de bronce (Japón, siglo XIX).

Así culminamos esta visita a un museo que reúne joyas artísticas de enorme belleza y valor histórico. Sin duda, el reabierto Museo de Arte Oriental es una excursión imprescindible para acercarnos a culturas y tiempos lejanos que merecen conocerse.

Laura Brosio