Con Adelaida Negri se va una voz fundamental de la lírica argentina

Por Josefina del Solar –

Adelaida en el último recital lírico que brindara a fines de noviembre pasado en la Basílica del Socorro (Foto La Gaceta del Retiro).

Referirse a Adelaida Negri, que ha fallecido en Buenos Aires el 17 de agosto pasado, es tener que abarcar una cantidad de aspectos de su carrera, su actividad y su personalidad, lo que se hace muy difícil, por todo lo que ella ha hecho y ha significado en el género, a nivel nacional e internacional. Es particularmente difícil para quienes la seguíamos y admirábamos, con esta realidad tan reciente y tan dura de su desaparición física, que priva a la cultura argentina de una voz fundamental de la lírica, de una trayectoria excepcional; pero además de una impulsora sin par del género, promotora de nuevos valores, hacedora de ideas, de proyectos. Hasta que una dura enfermedad que muy pocos sabíamos que la acechaba desde hace apenas unos meses, calló esa voz inigualable. Había suspendido un concierto lírico que debía dar a fines de junio, pero ya aparentemente repuesta a principios de julio pasado estuvo presentando el concierto mensual que era tradición desde hace varios años en su Casa de la Opera de Buenos Aires.

Adelaida Negri nació el 12 de diciembre de 1943 en Banfield, Provincia de Buenos Aires. Siguiendo el mandato familiar estudió Derecho y se recibió de abogada a los 22 años. A partir de allí primó su propia vocación, ya que siempre había manifestado gusto, interés y condiciones notables para el canto. Ingresó al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, en el que desarrolló su talento con la capacidad de disciplina y estudio que la caracterizaban, a la par que crecía en sus posibilidades interpretativas. Egresó del Colón como la mejor de su promoción, comenzando una carrera de intérprete llena de alternativas notables.

Vinieron después una cantidad de recitales líricos para la joven soprano, hasta su debut en el Teatro Colón a comienzos de los ‘70. Su primer protagónico en el gran escenario de Buenos Aires -y uno de los más importantes del mundo- fue encarnando a Ana de Glawari en La Viuda Alegre de Lehar, con dirección de Armando Krieger, en 1974.  

Las referencias al crecimiento en su trayectoria son incontables. Hubo varias opciones de perfeccionamiento que fue realizando, por ejemplo con el destacado maestro de canto Bernardo Toscano, con quien se casaría tiempo después. Y también la Beca que le concedió el British Council para asistir al London Opera Center. Esa sería la gran puerta de apertura para la carrera internacional de Adelaida.

Adelaida junto a Luciano Pavarotti. En Ernani de Verdi, MET de N. York, 1983.
En Nabucco de Verdi. Italia 1983.

Es tanto lo que hay para apuntar sobre todo lo que vino posteriormente en su carrera, que vamos seguir con algunos de esos datos en una próxima nota.

Mientras la recordamos también en cosas más cotidianas; en sus gestos, en su personalidad única, su sencillez, su serena alegría. Y era nuestra amiga, además vecina de Retiro, lectora habitual de La Gaceta. Cómo no la vamos a extrañar.