Contemplación, Arte y Tradición

Por Marcela Davidson

Aniversario de la Colección Amalia Lacroze de Fortabat e inauguración de la Sala Alejandro Bengolea

Contemplar al ser humano, a la naturaleza y al arte requiere de una actitud desacelerada. Internamente hay que estar dispuesto a la apertura psicosensible. Quien desatiende al ser humano difícilmente logra comprender que una obra pictórica o cualquier manifestación expresiva, es causada por el eco humano. La obra visual se constituye en principio por la vibración interna de un artista que luego va a encontrar  los medios para la representación de un tejido de asociaciones que hará posible  su materialización.  Hacedores del arte son seres que canalizan su energía en un contenido de vivencias  y emociones. Educar  para conectarse con la apreciación del arte visual tiene el beneficio de activar neuro-emocionalmente a un espectador débil  frente al fenómeno artístico. La educación radica específicamente en guiar al espectador en sumergir su atención en la obra, y  para  lograr optimizar la apreciación es conveniente que sea otro artista quien lo inicie en la práctica.

La experiencia artística requiere conocer un pasadizo emocional despojado de la carga ordinaria de la rutina. Cada obra de arte ofrece una aventura emocional, y en pocos casos se logra atravesar sin el soporte de su guía, que como Virgilio debe tener algo de poeta y calibrada brújula. Caso contrario aparece el síntoma y la respuesta a la falta de atracción a poblar los espacios de un público ávido de arte. 

Sin embargo, cuando al espectador se le ofrece la acertada visión, un enfoque hondo en el que se hace presente que hubo una vida humana que tuvo un motivo racional o irracional para seleccionar una paleta de colores para trabajar con determinados materiales, y una serie  de factores propios de cada artista, entonces la conexión entre el espectador y la obra comienza a crecer. Dado ese inicio de apreciación, el espectador comienza también su proceso creativo.

Aquellos coleccionistas de arte que tienen el don de brindar a la comunidad la obra de artistas, son quienes colocan los cimientos para la educación en el arte. Con esto quiero referirme aquí a la sensibilidad de Amalia Lacroze de Fortabat, ya que recientemente se celebraron los diez años de un  espacio exclusivamente diseñado para exhibir al público su Colección de Arte. Hay una disposición en seres humanos como Amalia Lacroze de Fortabat por elevar la percepción de los demás, en el acto de primero adquirir y  luego compartir una obra de arte.  La obra de arte posee el aura (concepto del filósofo Walter Benjamin). Nunca una reproducción es contenedora del aura, de las pinceladas o la energía matérica  que dejan la espátula, los dedos, los trapos o cualquier medio de ejecución del artista. “Forma y contenido son lo mismo en la obra de arte”. Con esta noción reafirmamos  la importancia de colocar los cimientos de la educación para apreciar el arte.

Visionaria Amalita, fue una apasionada y enamorada de la vida, que dejó una marca sensible en sus descendientes. La humanidad es una virtud que transmiten aquellos que pueden vincularse desde la contemplación. Sus nietas Bárbara Bengolea y Amalia Amoedo fueron las anfitrionas que también inauguraron en este aniversario la Sala Alejandro Bengolea con obras de Arte Contemporáneo donadas por sus hijos. Realizaron una presentación breve y con una energía familiar que denunciaba la presencia de seres amados como lo son Amalita, Inés y Alejandro. La sala inaugurada homenajea precisamente a Alejandro Bengolea, nieto de Amalita, fallecido muy joven.

Los homenajes sentidos son percibidos en su esencia. El artista posee la condición de transmitir también sus homenajes a las emociones a través de la realización de su obra. La intersección entre Amalia Lacroze de Fortabat junto a su familia con los artistas de la Colección hace posible el acceso a vivenciar el aura de las obras exhibidas en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, espacio diseñado por el arquitecto Rafael Viñoly en Puerto Madero. Allí se encuentra la Sala Alejandro Bengolea que ya está abierta a los espectadores para ser visitada,  marcando la tradición familiar por continuar construyendo la educación en el Arte, y en el arte de la contemplación.

FOTO: Bárbara Bengolea y Amalia Amoedo