Secretos Compartidos inaugura en el Borges

El próximo martes 4 de febrero inaugura en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín), la muestra Secretos Compartidos, una interesantísima antología de arte contemporáneo argentino.

Por compartir también, lo hacemos con la muy rica presentación que hacen de la muestra sus curadores, Eduardo Stupia y Virginia Fabri.

El Centro Cultural Borges se complace en presentar la II edición de la exposición Secretos Compartidos. Se trata de una selección de 300 obras pertenecientes a la extraordinaria colección de arte argentino contemporáneo del coleccionista Esteban Tedesco. La muestra está mayormente conformada por obras de artistas de los noventa y de la década siguiente, así como de producciones más recientes, realizadas en distintos formatos: pinturas, collages, dibujos, técnicas mixtas, esculturas, objetos, tapices y fotografía.
Si tuviéramos que establecer un rasgo característico para definir el conjunto de las obras exhibidas, ese rasgo sería la ecléctica heterogeneidad, una característica por otra parte propia del arte contemporáneo como género en sí mismo, y en particular del arte argentino contemporáneo. Consecuentemente, se propone a lo largo de las distintas salas un recorrido que no responde a un programa explícito o a un ordenamiento discursivo monográfico; más bien se trata de un derrotero diseñado según una lógica visual de afinidades o contrapuntos, con algunas zonas de eventuales coincidencias temáticas y conceptuales. El recorrido comienza exhibiendo fotografía y continúa a través de las distintas técnicas y fomatos, que dan cuenta cabalmente y en su plenitud de la heterogeneidad mencionada.
El recorrido arranca en la sala 11 ubicada en el primer piso, apenas se ingresa al Hall Central del CCB. Impactan allí dos series de retratos de destacados artistas argentinos de distintas generaciones, realizados por Rosana Schoijett y Gian Paolo Minelli. Los artistas seleccionados por Schoijett tienen la particularidad de haber sido integrantes del Programa de Talleres para las Artes Visuales del Centro Cultural Ricardo Rojas 2003-2005, conocido como la Beca Kuitca. En cuanto a Minelli, el artista suizo se instaló en el año ´95 por seis meses en Buenos Aires gracias a una beca, precisamente con el objetivo de retratar artistas contemporáneos argentinos.
La fotografía está presente también en el gran foyer del segundo piso, así como parcialmente en la sala 26. No obstante la diversidad de técnicas fotográficas contemporáneas utilizadas, la agrupación hace al relato. Se exhibe una serie de obras que se emparentan según su ordenamiento visual, y en ellas el género retrato es manifestación analógica del cuerpo social. Así conviven retratos de la serie “Guilty” de Marcelo Grosman, que evocan la imagen del “culpable”, como una construcción social y cultural incentivada por la prensa, junto a una serie de autorretratos de Nicola Costantino, sometida a una intervención en su rostro. Esta será la punta inicial de la creación por parte de la artista de una escultura, una doble de si misma, que la acompañará como un alter ego durante su maternidad. Retratos del artista italo argentino Sebastiano Mauri muestran una suerte de robotización de imagen, generada a partir de la superposición de rostros en capas: pertenece a la serie “Sombras de duda”. Un díptico de la serie “Intervalos Intermitentes” de Res, tomado al reconocido boxeador Ricardo Balbi, lo muestra en dos períodos diferentes de tiempo: antes de una lucha y con posterioridad a una pelea donde perderá por puntaje. Autorretratos de la serie “Pequeños grandes personajes” del artista tucumano Gabriel Chaile, lo muestran caracterizado en vendedores ambulantes de la época colonial: el velero y el farolero. “El Jugador”, de Marcos López de la serie pop latino, subvierte los cánones del héroe: se trata de un jugador irónicamente alejado del prototipo físico del futbolista.
Implícitamente se plantea en esta sección una reflexión filosófica y sociológica sobre el tiempo y el devenir, la violencia, la experimentación sobre el propio cuerpo como acto performático, el sometimiento a situaciones límites, la utilización de nuevas tecnologías y robotización del ser, como huellas de la vida actual. Junto a esta serie, se exhibe una serie de fotos de paisajes urbanos del artista Ernesto Ballesteros, entre otros fotógrafos. Sus tomas de la ciudad con fuentes de luz ocluídas buscan alterar la sensibilidad perceptiva del espectador, bajando al mínimo el umbral de visibilidad lumínica.
Cabe destacar que a partir de los noventa la fotografía cobró un lugar de relevancia en nuestro país, en particular con el surgimiento de importantes colecciones como la del Museo Nacional de Bellas Artes, creada por Sara Facio, o la del Museo de Arte Moderno. Se incrementaron significativamente la cantidad de trabajos y de publicaciones sobre fotografía y se abrieron nuevas salas de exhibición.
En el resto de las salas se observan la variedad de poéticas, técnicas y formatos de obra que componen un vívido y heterogéneo retrato del arte local de los noventa en adelante, con algunas excepciones exponenciales de grandes nombres del arte moderno, como Josefina Robirosa, Rogelio Polesello, Marta Minujin, Liliana Porter. La sensibilidad de Esteban Tedesco lo muestra especialmente afin al campo de la abstracción lírica, constructiva y geométrica, en sus exponentes más ricos y dinámicos, incluyendo las variantes poliédricas (Gachi Hasper, Ramiro Oller), el rigor óptico (Fabian Burgos), el experimento con el campo de color ( Paola Vega), la invención proyectual (Pablo Siquier), la tradición caligráfica y el registro manual (Kasuya Sakai, Martin Reyna), el lirismo rústico (Debora Pruden, Eduardo Navarro), la metáfora informalista (Valentina Liernur), el rigor escolástico (Karina Peisajovich), el “pop” destilado (Karina El Azem, Mariano Ferrantes), el primitivismo “mínimal” (Guido Yannitto), la serialidad matemática (Pablo Accinelli), el ejercicio generativo (Ernesto Ballesteros), el artificio ornamental (Valeria Maculán), la invención morfológica (Fernanda Laguna, Alexis Minkiewicz, Adriana Minoliti). Simultáneamente, el espectador podrá verse sutilmente interpelado por piezas de carácter, y de espíritu, dificilmente clasificables, como las de Joaquin Boz, Marina De Caro, Diego Bianchi, Mauro Koliva, Adrian Villar Rojas, asi como quizás encuentre misteriosas formas de la afinidad territorial en los trabajos de Ana Gallardo, Ariel Cusnir, y Matias Duville.
La enumeración podría continuar, pero quizás sea mejor que el visitante se deje llevar por el puro impulso relacional que las propias obras exhibidas le induzcan, más allá de nombres y nomenclaturas, como si se tratara de un paseo por un territorio que puede resultarle eventualmente familiar o reconocible, pero también insólito e incógnito en otros momentos. Del mismo modo, y aún en medio de cualquier hipótesis historicista o clasificatoria, los lenguajes, las poéticas y las imágenes establecen su propio diálogo, su propia lógica discursiva, su confluencia y su divergencia, proponiendo un cruce de sentidos en el aquí y el ahora, según la materialidad intransigente de un arte que se recicla al hacerse nuevamente visible en puro tiempo presente.

Eduardo Stupia – Virginia Fabri
Curadores

ILUSTRACION: Una antología del arte contemporáneo argentino se verá desde el 4 de febrero en el Centro Borges